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Credibilidad europea

Desde Bruselas dicen que la pertenencia de Grecia a la eurozona es irrevocable
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No es nada recomendable hacer política a través de los medios de comunicación y crear un enfrentamiento público que pone en duda la credibilidad europea. Grecia es el escenario de las disputas pero lo que de verdad está en juego es la confirmación del poder establecido durante décadas frente a la opción alternativa que está surgiendo en algunos países del sur por la extrema izquierda, como en Grecia o España, y en otros países por la extrema derecha, como en Francia o el Reino Unido. En Alemania se ha utilizado a la revista Der Spiegel para lanzar el órdago de que la Unión Europea estaría ahora preparada para asumir la salida de Grecia del euro. Desde Bruselas se han apresurado a decir que la pertenencia de Grecia a la eurozona es irrevocable y asume un papel de contrapeso frente al silencio del Gobierno de la canciller Angela Merkel que ni desmiente ni confirma la información de la revista.

Algunos responsables daban por hecho la enésima crisis helena y ya habían amortizado sus posibles consecuencias. Sin duda, la partida se juega en dos planos, uno el real sin cámaras y con duras negociaciones que en las últimas semanas han incluido a Alexis Tsipras, líder de Syriza, favorito en las encuestas para ganar las próximas elecciones griegas del 25 de enero, y el otro en público para presionar y ganar posiciones. Es cierto que Alexis Tsipras ha pasado de no pagar la deuda a negociar, en un baño de realismo importante que pone de manifiesto la debilidad de los planteamientos populistas de estas formaciones oportunistas y, también, la falta de solvencia de un proyecto europeo manipulado por unos intereses específicos que chocan con las necesidades de millones de europeos, la mayoría del sur pero tan contribuyentes y esforzados como los del norte. La austeridad y las reformas son necesarias pero se pueden compaginar con incentivos e inversiones que creen actividad económica y empleo. Los datos de España, insuficientes pero importantes, lo demuestran. Al final son los ciudadanos los que votan y necesitan recuperar su confianza en los dirigentes y las instituciones nacionales y de la UE.

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