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Democracia amenazada

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Resulta preocupante reconocerlo pero, en contra de lo que nos creíamos, la democracia sigue amenazada en España. Quizás será mejor decir que vuelve a estar amenazada, igual que le viene ocurriendo desde hace unos años a Venezuela, por ejemplo. Bien es verdad que ahora la amenaza es otra. Ya no hay ruido de sables ni peligro de que algún «tejero» vuelva a intentar derrumbarla por medio de un golpe de Estado.

Los peligros para la democracia no siempre proceden de los cuarteles. Aquí, ahora vienen de algunos recién llegados a la política que deberían moverse por la vida pública en su defensa y hasta en su exaltación en lugar de comportarse como destroyers del orden constituido. El recuerdo de la Dictadura está muy reciente como para que no preocupen los riesgos que amenazan al Estado de Derecho. La democracia proporciona libertades pero exige respeto a las leyes.

Y las leyes se observa que empiezan a ser soslayadas o saltadas a la torera. No solamente por parte de los delincuentes que te roban la cartera en el metro o te estafan obteniendo comisiones a costa del erario público. El ejemplo de lo que está ocurriendo en Cataluña con la Generalitat, que paradójicamente debería ser modelo en el respeto a los principios de convivencia que nos rigen, es muy es grave. Ya es sabido.

Artur Mas lejos de representar con dignidad y honradez la representación que ostenta y ser el primero en respetar la Constitución, está a la cabeza de quienes propugnan e intentan violarla. Pero no son sólo los independentistas catalanes los que buscan atajos en la ilegalidad y el fraude para conseguir sus objetivos.

También algunos responsables nuevos de administraciones locales empiezan a aprovecharse para actuar como antiguos capataces cortijeros, dando rienda suelta a sus caprichos y adoptando medidas de origen «testosterónico». Hechos como los ya conocidos con los iconos del Rey, Jefe constitucional del Estado, no solo son delictivos, sino que atentan igual que hizo Tejero contra los principios de la democracia.

Algunos nuevos ediles, empiezan por olvidarse de que una mayoría en la Corporación, por amplia que sea, no permite que sus representantes puedan hacer lo que les venga en gana. Hay leyes que se tienen que cumplir, unos principios sociales que deben respetarse y no olvidar que gobernar obliga a hacerlo para todos, hayan sido votantes o no y sean cuales sean sus ideas.

Los desafueros que se están cometiendo no contemplan acciones violentas pero sí la destrucción burocrática de la convivencia en libertad. Lo que ocurre en Venezuela, sí, es un ejemplo de lo que podría acabar ocurriendo en España si algunos descerebrados, aupados al poder democráticamente, se olvidan de su responsabilidad y se empeñan en ejercer sus funciones con las vísceras y no con la sensatez que impone la cabeza.

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