Don Juan Tenorio

Invito a profundizar en su análisis. ¿Era un amante? ¿Un enamorado? ¿Un sinvergüen-za? ¿Un osado?... Y Doña Inés, ¿su amor verdadero?... ¿Y cómo terminan? ¿Y es amor lo que viven?
 

JULIO PARDO RODRÍGUEZ

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Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio es el protagonista de la obra de Zorrilla que durante muchos decenios ha ido de boca en boca de los españoles, y generando cierta polemica entre españolas. Siempre sana, alegre y con cierta profundidad en defintiva. Se aludía a Don Juan en todo tipo de circunstancias, tertulias, incidencias, serias y joviales, y era muy frecuente recitar algún verso en según qué circunstancias.

Era una obra teatral que se representaba tradicionalmente en estas fechas de la festividad de todos los Santos. Zorrilla la escribió en 1844 aunque el ambiente en el que se desarrolla es el del final del reinado de Carlos V, hacia 1545.

A pesar de su desconcocimiento progresivo de las generaciones jóvenes de España por los desastrosos planes de enseñanza de nuestra patria, que no pretenden formar personas sino «pedazos de carne» sin conocimientos, ni capacidad de pensar, siempre quedan algunas excepciones a quienes llama la atención ese tipo de obras. A esos jóvenes y a esas personas invito a profundizar en el análisis de Don Juan Tenorio. ¿Era un amante? ¿Un enamorado? ¿Un sinvergüenza? ¿Un osado?... Y Doña Inés, ¿su amor verdadero?... ¿Y cómo terminan? ¿Y es amor lo que viven?

Reitero, recomiendo vivamente buscar en las bibliotecas, y leer la novela, en verso pero de muy fácil comprensión, que incluso hce la lectura divertida.

Con el apoyo y la colaboración del Diari de Tarragona, lanzo unos versos para recordar e invitar a su profundización, y como no, pequeño homenaje a Don Juan y a Doña Inés.

Empieza así (dice Don Juan, escribiendo en la Hostería del Laurel en Sevilla):

¡Cuan gritan esos malditos!

¡Pero mal rayo me parta

Si, en concluyendo esta carta,

No pagan caros sus gritos!

Y explica que cuando se estableció en Roma, colocó en su puerta este cartel:

Aquí está Don Juan Tenorio, para quien quiera algo de él. 
(¿Osadía? ¿Provocación?)

Y en Nápoles, su cartel:

Aquí está Don Juan Tenorio, y no hay hombre para él. Desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca no hay hembra a quien no sucriba , y cualquier empresa abarca si en oro o valor estriba. Búsquenle los reñidores, cérquenle los jugadores, quien se precie que le ataje, a ver si hay quein le aventaje en juego en lid o en amores.

Y a continuación describe su forma de ser:

Por dondequiera que fui, la razón atropellé, la virtud escarnecí,a la justicia burlé y a las mujeres vendí. Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé y en todas partes dejé memoria amarga de mi... A quien quise provoqué, con quien quiso me batí y nunca consideré que pudo matarme a mi aquel a quien yo maté...

Y la escena donde exponen y cuentan sus «conquistas y aventuras» Don Juan y Don Luis (el adversario de Don Juan en la apuesta).

...Contad. Veintitres. Son los muertos (de Don Luis). A ver vos. Por la cruz de San Andrés, aquí sumo treinta y dos. Son los muertos. (de don Juan) Matar es. Nueve os llevo. Me vencéis. (Don Luis reconoce su derrota)

Pasemos a las conquistas. Sumo aquí cincuenta y seis (las de Don Luis). Y yo sumo en vuestras listas setenta y dos! (las de D. Juan). Pues perdeís (dice Don Juan, aclarando su triunfo).

Y es entonces cuando Don Juan explica su «recetas de» con las mujeres, por días: Uno para enamorarlas, otro para conseguirlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas y una hora para olvidarlas...

Y ya en la cima de la osadía o de la afrenta, advierte incluso a Don Luis, que va a robarle a su prometida con la que se ha de casar en cuestión de dias, y dice:

...y pues que vais a casaros, pienso quitaros a Doña Ana de Pantoja... Pues va la vida... Pues va.

Y no podemos olvidar el sentimiento de amor de Doña Inés, ¿amor prohibido? Pero sentimiento que vence todo obstaculo y toda fuerza:

¡Ah! Me habéis dado a beber un filtro infernal sin duda, que a rendiros os ayuda la virtud de la mujer. Tal vez poseéis, don Juan, un misterioso amuleto, que a vos me atrae en secreto como irresistible imán. Tal vez Satán puso en vos su vista fascinadora, su palabra seductora, y el amor que negó a Dios. ¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!, sino caer en vuestros brazos, si el corazón en pedazos me vais robando de aquí? No, don Juan, en poder mío resistirte no está ya: yo voy a ti, como va sorbido al mar ese río.

Tu presencia me enajena, tus palabras me alucinan, y tus ojos me fascinan, y tu aliento me envenena. ¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro de tu hidalga compasión o arráncame el corazón, o ámame, porque te adoro.

Y ya a punto de concluir (y no comentaré cómo termina para intentar animar a los lectores que lo desconozcan, que lo descubran de forma directa y personal), dice Doña Inés:

Yo mi alma he dado por ti, y Dios te otorga por mi, tu dudosa salvación. Misterio que es comprensión no cabe de criatura, y sólo en vida más pura los justos comprenderán que el amor salvò a Don Juan al pie de la sepultura...

Obviamente no pretendo sintetizar en estas líneas toda la obra de Zorrilla. Pero sí intentar un pequeño homenaje a una tradición hispana de muchos decenios, y a una parte de nuestra cultura y tradición. Dijo Azorín que Don Juan Tenorio «es la obra más excelsa de todo el teatro español».

Y sin duda no tiene parangón en el teatro europeo.

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