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El descrédito del Senado

La Cámara Alta no cumple en absoluto la función para la que fue creada y se ha convertido en un cementerio de elefantes
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La reforma constitucional va entrando poco a poco en la agenda política española. Es evidente que cualquier tentativa de reforma constitucional debería engarzarse con la cuestión catalana. El Estado de las Autonomías debe reconsiderarse en común para aportar nuevo engrudo a las costuras del Estado. Pero ésta no es la única razón de un cambio profundo, que va siendo cada vez más inaplazable porque las disfuncionalidades que la propia Carta Magna introduce perturban el buen funcionamiento del sistema. Veamos un ejemplo de estos días: los líderes territoriales que han perdido estas últimas elecciones están siendo enviados por sus respectivos parlamentos al Senado como representantes de su comunidad de origen. Porque la Cámara Alta, que no cumple en absoluto la función para la que fue concebida, ha asumido otras tareas, y entre ellas la de servir de cementerio de elefantes. Evidentemente, la mera información de que se está produciendo este aterrizaje irrita a la gente, desacredita al parlamento y da alas a quienes combaten el régimen de 78″. Porque la resistencia a reformar la Constitución, lejos de prestigiarla y asentarla, da argumentos a quienes le imputan las deficiencias de nuestro actual modelo de convivencia. En lo que llevamos de trayecto democrático, ha sido imposible lograr el mínimo consenso que permitiera abordar esta reforma. Quizá el pluripartidismo que se avecina tenga mejor suerte y sea capaz de acometer una modernización que si duda podría conseguir un gran consenso.

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