El kilómetro sentimental

Un muerto a la vuelta de la esquina despierta mayor interés informativo que un muerto a miles de kilómetr

Rafael Servent

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Hace ya unos cuantos años, en la facultad de Periodismo a la que asistí para iniciarme en este oficio, un profesor nos habló de un concepto que todavía retengo: ‘El kilómetro sentimental’. Se trata de un básico en este mundillo, como lo son ‘las cinco Ws’ que debe responder toda noticia (What, When, Who, Where, Why) o la ‘confidencialidad de las fuentes’. Conceptos antiguos, de cuando los héroes comprometidos eran los periodistas, y no los hackers, los activistas o los tertulianos.

‘El kilómetro sentimental’ no es difícil de explicar. Ni de entender. Básicamente, un muerto a la vuelta de la esquina despierta mayor interés informativo que un muerto a miles de kilómetros. Le llaman empatía. El muerto de la esquina es ‘uno de los nuestros’, mientras que el otro es eso: ‘otro’.

Por eso millones de occidentales se lanzaron la semana pasada a afirmar que ellos eran Charlie. Es decir, los 17 muertos con los que Francia saldó la oleada de ataques iniciada el 7 de enero en París. Y por eso bien pocos de ellos decidieron que, a la vez, también eran Baga y los 2.000 asesinados en ese pueblo nigeriano, tras una masacre que arrancó el 3 de enero y culminó ese mismo día en que proclamaban ser Charlie.

Dos mil ancianos, mujeres y niños exterminados por Boko Haram en un pueblo al norte de Nigeria. Nada distinto a lo que, setenta años atrás, hizo la división Das Reich de las SS cuando masacró a 642 hombres, mujeres y niños en un pueblo del centro de Francia llamado Oradour-sur-Glane. Setenta años después, se les sigue llorando. Y Baga se esfuma. Nada pesa más que ‘el kilómetro sentimental’. Hay que reaccionar. Y hay que hacerlo sin tanto postureo.

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