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Opinion EDITORIAL

El monopolio del fútbol corrompe

El caso Villar, que ha tardado demasiado en  aflorar en toda su crudeza, debe servir para reformar las normativas que permiten  acaparar los cargos con carácter vitalicio

Diari de Tarragona

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H ace mucho tiempo que el fútbol ha dejado de ser un mero deporte para convertirse en uno de los negocios globales más suculentos del planeta. Y ya se sabe que, lamentablemente, donde hay intereses pecuniarios no tarda en crecer lo más vil de la condición humana. Los escándalos de corrupción han recorrido todos los estamentos del futbol mundial y, finalmente, como ya presagiaban múltiples informaciones de prensa, también han estallado en España. ¡Y de qué manera! La Operación Soule que lleva a cabo la Guardia Civil ha derivado, de momento, en el ingreso en prisión preventiva del presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Ángel María Villar, su hijo Gorka, y el presidente de la federación tinerfeña, Juan Padrón, además de una cuarentena de investigados, figura anteriormente conocida como imputados. El magistrado que instruye la causa ha decretado esta medida tan drástica ante la gravedad de los delitos. A saber: administración desleal, apropiación indebida, estafa, falsedad documental y corrupción entre particulares. Las conversaciones entre los dirigentes federativos que se han filtrado de las investigaciones ponen los pelos de punta. La RFEF se había convertido en un coto privado de privilegios en el que Ángel María Villar, siempre presuntamente, movía los hilos a su antojo para exprimir el negocio derivado del balón. Al margen de cuál sea el desenlace judicial de la Operación Soule, habrá que extraer una lección obvia de este lamentable caso. Los puestos directivos en organismos de interés público no pueden ser vitalicios por muy de pseudemocracia que se vista la normativa que los rige. Villar lleva 30 años al frente de la Federación. Al final se ha creído el dueño y señor del fútbol español, el jefe plenipotenciario de un espectáculo de millones y millones de euros y de pasiones. Un dueño y señor que podía hacer y deshacer a su antojo. La mejor manera de evitar la corrupción en estos organismos es limitar el tiempo de mandato como ya existe en otros cargos de menor importancia. Que aprendamos la lección.

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