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El paro, un problema estructural

Los recursos que llegan a las regiones ´pobres´ no deberían utilizarse para sufragar gastos sino para estimular el desarrollo
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Según Eurostat, las cinco regiones con más paro de Europa están en España. Son, ya lo habrán adivinado, Andalucía (con un paro del 34,8%), Canarias (32,4%), Ceuta (31,9%), Extremadura (29,8%) y Castilla-La Mancha (29%). Ello es así pese a que el paro ha comenzado a descender en España (y también en la UE) una vez remontada la crisis. Y, lo que es más grave, no se trata de una novedad sino de un desastre estructural crónico: estas regiones postergadas, todas ellas con un PIB muy bajo con respecto a la media española, están a la cola desde el ingreso de España en el espacio comunitario. La evidencia demuestra que si no se hace algo, si no se planifica la solución del problema, se mantendrá indefinidamente la situación actual. En otras palabras, los recursos que llegan a estas regiones pobres de las comunidades ricas deberían ser utilizados no para financiar los gastos corrientes ni para subsidiar las deficiencias sino para estimular el desarrollo, generar cambios en las estructuras y diseñar oportunidades para la productividad y el crecimiento. Lo dijo Albert Rivera en Andalucía, en medio de un escándalo general: hay que enseñar a pescar a los andaluces en lugar de regalarles pescado. Y, por cierto, ha sido el único que lo ha dicho. De donde se desprende que PP y PSOE están muy satisfechos con la situación actual. Quizá los cambios que se avecinan produzcan la conmoción que saque a estas regiones postradas de su marasmo. Así sería de desear.

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