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Entre Atenas y Berlín

La deuda de los griegos es inasumible y su sistema fiscal es un 'paraíso'
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Después del resultado de las elecciones generales en Grecia, ha quedado claro que los ciudadanos de la Unión Europea deberemos estar pendientes de las diversas negociaciones, que tendrán lugar entre Atenas y Berlín, con sus respectivos gobiernos distintos y distantes.

Pero antes de entrar en los puntos esenciales de las negociaciones, con intereses contrapuestos, sería conveniente una breve reflexión sobre los respectivos gobiernos, encabezados por Alexis Tsipras en Atenas y por Angela Merkel en Berlín.

En principio, tenemos un gobierno en Grecia, que ha tenido alrededor de un 36% de apoyo en las urnas; y que se ha aliado con un pequeño partido, con alrededor del 5% de los votos. Y ello, en un plazo de dos días, con rapidez manifiesta y notoria. El partido grande, mirando hacia la extrema izquierda, no ha tenido inconveniente alguno en aliarse con un partido pequeño, de corte nacionalista y mirando hacia la extrema derecha.

Dicha contradicción ideológica no ha sido destacada, apenas, en nuestro país, ni siquiera como la primera de las dificultades programáticas del nuevo gobierno griego. Pero, como ciudadanos europeos, no deberíamos olvidar que si el pequeño partido es claramente anti-europeo, el partido grande no es partidario del actual equilibrio de poderes en la Unión Europea, ni tampoco ha silenciado sus posibilidades de diálogo y de amistad preferente con el gobierno de Rusia.

Por otra parte, en Alemania, en la actualidad, tenemos un gobierno de coalición entre la democracia-cristiana y la social-democracia, como primero y segundo de los grandes partidos de la política europea posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entre ambos, representan casi el 70% del voto obtenido en las últimas elecciones generales. Y tienen un programa de gobierno pactado, después de dos largos meses de negociaciones entre sus dirigentes.

Asimismo, deberíamos añadir que no sólo son claramente representantes de la gran mayoría del actual electorado alemán, sino que, además, son también partidarios de la Unión Europea y de su futuro, mediante una mayor integración social, política y económica. No en vano, son dos de las tres grandes corrientes ideológicas, que forman la base sólida de la actual Europa, junto con los liberales.

Pues bien, si ahora queremos analizar la realidad actual y económica de cada uno de los dos países, puede ser conveniente conocer cuál de los dos países tiene una mejor situación de partida y cuál va a ser el que necesite la ayuda del otro, sin la cual no podrá seguir pagando sus nominas de funcionarios ni las pensiones de los mayores. Y no menos interesante, sería el conocer algo de la realidad de los sistemas fiscales e impositivos de ambos países.

Con ello, quizás podríamos llegar a tener una opinión fundada y coherente, así como alejada de tentaciones populistas. Y quizás pudiéramos llegar a la conclusión de que la deuda de los griegos es inasumible, en la misma o parecida medida que su sistema fiscal es digno de figurar en la lista de paraísos fiscales, por sus escasos resultados; mientras, por el contrario, la deuda alemana es perfectamente asumible, así como su sistema fiscal es de los más duros y eficaces de su entorno europeo.

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