Hacia Belénva una burra

A cualquier religión que quiera sustituir a la anterior le resulta más sencillo transformar sus festividades que sustituirlas por nuevas
 

JUAN BALLESTER

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JUAN BALLESTER, escritor

JUAN BALLESTER, escritor

Se ha hecho público un dosier de la comisaria europea de Igualdad, Hellena Dalí, en donde recomienda a los trabajadores de la UE no felicitar las Navidades sino las Fiestas para no ofender a quienes profesan otras religiones. Y como suele decirse, se ha armado el belén. El Vaticano ha protestado diciendo que vamos a celebrar el nacimiento del Jesús. Y concretamente el santo padre Francisco, ha declarado que esta no es la primera dictadura en la historia que quiere cancelar el cristianismo, como antes lo intentaron los romanos, el nazismo o el comunismo.

Para tomar partido entre las dos enconadas posturas nos remontamos al día que nació Jesús, o sea, a abril o mayo del año cero. En aquellos tiempos los romanos (la primera UE) adoraban a decenas de dioses y celebraban unas fiestas en honor de Saturno entre los días 17 y 23 de diciembre. Decoraban las casas con plantas, y encendían velas y antorchas en las calles para celebrar que los días dejarían de acortarse. Eran fiestas de bulliciosas diversiones, ferias, cenas e intercambio de regalos.

A cualquier religión que quiera sustituir a la anterior le resulta mucho más sencillo transformar sus festividades que sustituirlas por nuevas. En Alejandría celebraban el 25 de diciembre el nacimiento de Aion, también hijo de una madre virgen. La inmersión no se le ocurrió a Juan, el Bautista; desde la antigüedad era un medio de purificación. Las iglesias no se edifican sobre una piedra sino, como tantos templos, sobre las ruinas de las anteriores.

Desde aquel año cero hasta que se impuso oficialmente el cristianismo hubo dos religiones monoteístas. Mientras echaban a las fieras a los cristianos, dos dioses únicos, Mitra y Helios, precedieron al nuestro y gozaron de gran predicamento.

Mitra es una divinidad indo-persa de la Luz cuya fe llevaron a Roma los soldados que regresaban de luchar en las campañas de Oriente. Los rituales se celebraban en cavernas del tamaño de la iglesia de Vistabella, con un altar y un relieve central en piedra de Mitra, sometiendo a un toro y cortando su cuello. La liturgia tenía cierto parecido con la eucaristía cristiana, incluía pan y vino. Los sacerdotes eran célibes y los fieles también se llamaban hermanos.

La segunda fue la del Sol Invictus oficial en el Imperio desde el año 274, por Aureliano. Fue fruto de una fusión de religiones y adoraban al griego Helios, el dios Sol personificado como un hermoso joven coronado con una aureola de poderoso brillo. Fue la única religión (una ley, una moneda y un idioma) hasta el célebre edicto de Tesalónica de Teodosio I el 27 de febrero de 380, que estableció el cristianismo y prohibió las demás creencias.

Así que el belén, en vez de la noche que nació Jesús en un establo de Galilea, podría representar las libertinas fiestas saturnales; estar Mitra con su pantalón y gorro frigio sacrificando al toro y repartiendo la carne y sangre entre los soldados romanos. O encontrar en el mercado de Navidad a Helios, el coloso de Rodas y a sus cuatro caballos de fuego, Amanecer, Ardiente, Ígneo y Resplandeciente, surcando cada mañana el cielo de Este a Oeste hasta sumergirse en el océano.

La comisaria europea propone en el dosier a modo de ejemplo no decir: la Navidad puede ser estresante, sino las Vacaciones pueden ser estresantes. Y también recomienda no usar los nombres de José, María y Jesús como fulano, mengano y zutano, por no herir a aquellas personas a quienes no les resulten familiares. Y uno se pregunta qué clase de culpa o dolor se puede sentir frente a un pesebre cristiano.

Navidad significa alumbramiento y si observas las figuritas puedes pensar en cosas como cuánto tendrán que avanzar diariamente los Reyes Magos para alcanzar a tiempo el portal. O qué gracioso es ver una gallina más grande que un camello. En nuestra casa, además, está Peppa Pig y varios tigres blancos acechando a las ovejas. Pero hay personas respetables que no comparten la idea de la familia tradicional y desearían sacar a la Virgen y a San José dejando al recién nacido a expensas de la mula y el buey.

La nieve sobre las montañas de Judea podría irritar a otras personas al verificar el calentamiento global pues esta misma noche en el Portal de Belén, (nombre popular de la Basílica de la Natividad levantada en el siglo IV donde se cree que nació Jesús) están a doce grados. También hay villancicos en el punto de mira de algunos que pueden imaginar, como el Arre borriquito, vamos a Belén y el Arre burro, arre que llegamos tarde.

El mundo inclusivo que se nos propone para ilustrar la diversidad exige deshacerse de tantas piezas del belén que lo más correcto políticamente sería quemarlo en Fallas. De hecho, ambas festividades, religiosa y pagana, comparten significado: primero, la Navidad alarga el día en el solsticio de invierno y, después, en el equinoccio de primavera, las hogueras ayudan a que venza a la noche y se renueve la vida.

Respecto a cómo felicitarnos, estimados lectores, alegrarnos cada despertar por seguir estando juntos tras dos años de pandemia. Y desearles de corazón, crean en lo que crean, que se apunten al ciclo de las estaciones, quemen todo lo malo y renazcan de las cenizas.

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