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La Corona, elecciones y partidos

La Corona Constitucional reina pero tiene la potestad de aconsejar y advertir
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Con las elecciones que se avecinan unos y otros aspiran a mantenerse en el poder y, si no están en él, a ocuparlo. Esto de quítate tú que me pongo yo, es, al fin y al cabo, lo que motiva a toda clase política aquí y en todo lugar donde impera la democracia competitiva.

Pero esta vez el asunto es distinto. Los tiempos son distintos, compiten otros y las reglas del juego han cambiado. El tema es más complicado, ya que los escándalos de corrupción actúan a veces como seísmos coyunturales.

Pienso que se ha abierto una brecha entre la credibilidad que acumula Felipe VI y la manifiesta desconfianza que rodea a la clase política tradicional. Todos sabemos y vemos que don Felipe es muy alto. Por añadidura ahora que se empieza a conocer cómo es y qué piensa el Rey, la ciudadanía comienza a caer en la cuenta que Don Felipe le saca la cabeza y hombros a quienes están al frente de las instituciones que él, como jefe de Estado, y según la Constitución, arbitra y modera. En consecuencia, parece que la Corona constitucional demanda una clase política de altura.

La Corona Constitucional reina pero tiene la potestad y debe de hacerlo con rigor de aconsejar y advertir a quienes tienen la responsabilidad de gobernar. La pregunta es: ¿caerán en saco roto las advertencias del mensaje navideño del Rey?

Analicemos, pues, como está la situación en estos momentos y me pregunto: ¿están los partidos políticos españoles preparados para afrontar los nuevos tiempos?, ¿tienen suficiente capital político para liderar la regeneración que necesita nuestro país? La respuesta no es sencilla. Las medidas adoptadas ante la crisis económica y, sobre todo, los casos de corrupción han descapitalizado a las dos formaciones mayoritarias. El PP y el PSOE saben que tienen menos de un año para rearmarse y aguantar el tipo en las elecciones generales en noviembre de 2015, ante la acometida de Podemos, con una escala intermedia en mayo, con las elecciones autonómicas y locales. Todas las fuerzas políticas han iniciado una ofensiva basada en la participación, la transparencia y la regeneración para ganarse la confianza de los ciudadanos. Como todos recordamos y algún ministro que otro más, el 15 de septiembre del 2008 las finanzas mundiales temblaron con la quiebra de Lehman Brothers. La caída de esta firma de bolsa norteamericana hundió los mercados de todo el mundo y generó la mayor crisis económica desde 1929. Seis años después, los grandes bancos occidentales todavía se tienen que someter periódicamente a pruebas de estrés para que se compruebe si tienen capital suficiente para afrontar circunstancias adversas en los nuevos tiempos. Y lo van consiguiendo a base de medidas drásticas por parte de las autoridades y fuertes inyecciones de dinero para fortalecer los balances.

Consecuentemente la sociedad española ha sufrido en los últimos años un terremoto similar. Los casos de corrupción que involucran a los principales partidos de toda España han mermado su capital político, situando en mínimos la confianza de los ciudadanos hacia los políticos y en máximos la desafección hacia los servidores públicos y las instituciones. El bipartidismo está en grave riesgo, según se desprende las últimas encuestas, y los líderes del PP y PSOE no parecen mostrar la firmeza necesaria en la lucha contra la corrupción como para convencer a los ciudadanos de que la regeneración es una prioridad real. El mensaje que han enviado a la opinión pública es que no son capaces de tener posiciones comunes en los temas de máxima urgencia. Pero miremos a mi entender los titulares de cada partido: PP (826.710 afiliados) está descapitalizado por la corrupción, que ha llegado al corazón de la organización, aunque confía en recuperarse, gracias a las mejoras económicas, a las acciones de transparencia. Tiene problemas de liderazgo y de luchas internas. PSOE (195.000 afiliados) ha iniciado una recuperación gracias al cambio realizado por el nuevo equipo, pero los casos de corrupción (Andalucía sobre todo) y sus problemas de credibilidad heredada del Gobierno Zapatero dificultan el despegue definitivo. Los resultados de las autonómicas y locales pueden abrir una lucha interna. Izquierda Unida (38.000 afiliados) ha sufrido un duro golpe por la irrupción de Podemos y lucha contra ellos y el PSOE por un espacio en la participación. El cambio generacional puede ser una ventaja. UP yD (6.403 afiliados) encabeza las clasificaciones de transparencia y limpieza democrática y mantiene una línea ligeramente ascendente . Si no pacta con Ciudadanos, su techo electoral será corto. Podemos (270.000 inscritos, no pagan cuota) irrumpió con fuerza como partido protesta, pero le falta consistencia y la inconcreción de sus propuestas, así como la sospecha de tener un programa oculto, que han frenado su ascenso. PNV (30.000 afiliados) se mantiene en una situación estable, contagiado con los partidos catalanes y la presión de la izquierda abertzale. Ciudadanos (6.400 afiliados) es una fuerza política limpia y fresca, sin problemas derivados del pasado, pero como UP y D sin alianzas el techo electoral será bajo. ERC ( 9.878 afiliados) le ha ganado terreno a CiU ( 68.000 afiliados) con la propuesta radical de independencia que puede que se le vuelva en contra si se desinfla el proceso.

William Beveridge dijo: «La felicidad o infelicidad de la sociedad en la que vivimos depende de nosotros, los ciudadanos, no del instrumento de poder político que llamamos Estado». En consecuencia, escuchemos, reflexionemos y actuemos de forma sensata a las diferentes propuestas ya que la participación de los ciudadanos está siendo uno de los principales puntos de competencia entre los distintos partidos políticos.

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