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La carta a Su Eminencia

Un medio que se dice cristiano debería fomentar el respeto entre los ciudadanos

Dánez Arzamendi Balerdi

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Un nutrido grupo de sacerdotes tarraconenses difundió la semana pasada una misiva conjunta, dirigida al cardenal Blázquez, en la que criticaban abiertamente el tono de las tertulias que emite regularmente 13TV, un medio televisivo cuyo principal accionista es la propia Conferencia Episcopal Española. El texto ha sido objeto de numerosas críticas, algunas de ellas publicadas en estas mismas páginas. En mi opinión, si queremos analizar rigurosamente este asunto, deberíamos diferenciar los entremezclados ataques que ha recibido la carta en razón de su procedencia formal, contextual y sustancial.

Sobre la primera cuestión, obviamente no existe ningún debate acerca del derecho de estos sacerdotes a posicionarse sobre el asunto, una libertad irrenunciable en cualquier país civilizado, sino sobre la posibilidad de que estos curas hayan puenteado los cauces internos debidamente previstos. En definitiva, cabe cuestionarse si el medio idóneo para manifestar las inquietudes de un sector del clero consiste en desatar una polémica mediática con una carta abierta. No soy ningún experto en procedimientos eclesiales, y por tanto me considero incapaz de valorar este aspecto. Lo que sí me ha llamado la atención es que el texto haya sido avalado por veintiséis sacerdotes cuya identidad desconocemos, un misterio que algunos vinculan a esa tradición tan castiza de lanzar la piedra y esconder la mano, aunque también puede deberse a motivos inescrutables de orden eclesiástico que se nos escapan.

En segundo lugar, también se ha criticado que estos sacerdotes salten como un resorte contra 13TV mientras miran hacia otro lado ante el sectarismo de TV3. En mi opinión, el reproche a la cadena de Sant Joan Despí está plenamente justificado, pero vincularlo con esta carta carece de sentido. Efectivamente, aunque la absoluta pérdida de objetividad por parte de la televisión pública catalana es un hecho irrefutable, lo que critican estos curas no es el posicionamiento político de la cadena episcopal (aunque podrían) sino su extrema agresividad e insultante desprecio hacia las personas que opinan diferente, un escándalo que les resulta especialmente doloroso al tratarse de un medio confesional. En este punto conviene recordar las palabras del papa Francisco, llamando a los periodistas y comunicadores a realizar su labor «de forma constructiva, rechazando los prejuicios contra los demás» y siguiendo un modelo que «fomente una cultura del encuentro». ¿Habrá visto el Santo Padre algún debate en 13TV? Supongo que su cardiólogo se lo habrá prohibido.

Y aquí entramos, finalmente, en el núcleo de la polémica: el fondo de la carta. En ese punto considero que los firmantes tienen más razón que un santo, valga la expresión, e incluso considero que se quedan cortos (entiendo que un medio episcopal defienda las tesis de la Iglesia en cuestiones nítidamente morales como la eutanasia o el aborto, pero ¿es razonable que se encastille políticamente en temas como el modelo territorial español, que son perfectamente opinables para un católico?). No sé cómo han conseguido semejante proeza, pero los responsables de esta cadena han conseguido diseñar los debates más tóxicos para el encuentro y menos caritativos para con el prójimo de toda la parrilla actual. En mi opinión, un medio que se dice cristiano debería fomentar el respeto y el acercamiento entre los ciudadanos, en vez de actuar como un auténtico pirómano político, especialmente en un complejo contexto como el que vivimos desde hace un lustro. Es obvio que las críticas contra esta televisión serán estériles si llegan desde sectores anticlericales, y precisamente por ello parece razonable que seamos los propios católicos lo que exijamos un cambio de rumbo en 13TV.

Pero ni siquiera así tenemos la seguridad de lograrlo. Hace ya cuatro años, la Conferencia Episcopal Tarraconense, reunida en Tiana bajo la presidencia del arzobispo Jaume Pujol, emitió una nota al respecto: «Lamentamos el clima de agresividad y la manipulación de contenidos que se están dando en algunos medios de comunicación, sobre todo en relación con la situación política y social de Cataluña. Más en concreto, creemos que produce un grave escándalo en muchos miembros de la comunidad católica de nuestras diócesis y también en nosotros mismos, el hecho de que el canal de televisión 13TV, que ha de respetar a las personas y a las instituciones según su ideario, en algunos de sus informativos y tertulias opte por el desprecio, la descalificación e incluso el insulto. En las actuales circunstancias es muy conveniente que todos hagamos un esfuerzo por defender y promover una cultura del respeto, la tolerancia, el diálogo y la solidaridad entre las personas y los pueblos, como enseña repetidamente la Doctrina Social de la Iglesia.»

Desconozco en qué papelera archivaron aquella nota los responsables de 13TV, puesto que las actitudes denunciadas siguen en plena efervescencia. Eso sí, la cadena acaba de anunciar la suspensión inmediata del programa La marimorena y la modificación sustancial de El cascabel. ¿Cambios a la vista? Me cuesta creerlo, aunque la esperanza es lo último que se pierde.

danelarzamendi@gmail.com

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