La imprudencia tiene consecuencias

Tarragona es la provincia catalana que menos emplea la mascarilla, una irresponsabilidad que nos puede traer problemas

Diari de Tarragona

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Foto: Fabián Acidres

Foto: Fabián Acidres

No es difícil ver por las calles de Tarragona u otros municipios de la demarcación personas que no portan la mascarilla o la llevan en la muñeca, como si fuera una pulsera, o doblada junto a la garganta de manera que ni protegen a los demás ni a ellos mismos. Hechas, claro está, las excepciones de las personas que no pueden llevarla porque sufren alguna patología, en muchos casos es una simple irresponsabilidad. Una irresponsabilidad que puede traer durísimas consecuencias como el confinamiento decretado ayer para 210.000 personas en Lleida y su comarca.

El alarmismo es criticable, pero en una cuestión de salud, como es la epidemia de coronavirus, es mejor pecar por exceso que por defecto. Muchos creían que el Covid-19 ya estaba controlado, que era cosa del pasado, y han caído en un exceso de confianza y han relajado demasiado las medidas de autoprotección.

No es conveniente que nadie recrimine a nadie porque no se saben las circunstancias de porque esa persona no lleva la protección facial y hay que evitar el mal que se extendió en el durísimo confinamiento que tuvimos que sufrir, el de la llamada «Gestapo de los balcones». Algunos vecinos, arrogándose una potestad semipolicial, insultaban a personas por estar en la calle, cuando lo hacían por motivos justificados, o por ir con niños cuando estos podían salir por sufrir alguna enfermedad.

Son las autoridades las que deben tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, la Policía Local de Calafell ya ha impuesto una veintena de sanciones sobre todo a jóvenes que permanecían sin mascarilla en las calles en las que se concentra el ocio nocturno. Si una persona que no lleva mascarilla pese a que tendría que hacerlo, es sancionada seguramente aprenderá la lección y la portará. Por su salud, la de su familia y la del resto de ciudadanos.

No puede ser que Tarragona encabece de nuevo un ranking negativo. Y en esta ocasión por la poca preocupación de los ciudadanos por un tema en el que nos van la economía y salud.

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