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La memoria histérica contra Vázquez de Mella

En las obras de Karl Marx no encontramos ninguna preocupación por la mujer
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En tiempos de la Roma Imperial, si las relaciones del emperador con el senado no eran malas, la divinización resultaba previsible; para la historia quedará la elocuente frase del emperador Vespasiano que pronunció mientras estaba muriendo: «Ay, ay, ay: creo que me estoy convirtiendo en dios». Sin embargo, aquellos cuyas relaciones no eran tan fructíferas con el senado podían verse sometidos a un procedimiento en sentido inverso, la damnatio memoriae («condena del recuerdo»). Se destruían, o reesculpían, sus imágenes y se borraban sus nombres en inscripciones dedicadas a ellos; y a menudo se hacía a propósito de forma imperfecta, para que quedara claro de quién se trataba.

La relación entre la izquierda y la historia no deja de ser complicada. A pesar de que la izquierda se atribuye la defensa histórica de los derechos de la mujer, hay determinados episodios que la mal llamada memoria histórica no quiere que se sepan. En las obras de Karl Marx no encontramos ninguna preocupación por la cuestión femenina.

Ilustres referentes como el socialista Ferdinand de la Salle o el anarquista Proudhon también eran contrarios al voto femenino sin olvidar que llegada la III Internacional, Clara Zetkin fue acusada de desviacionismo doctrinal por querer introducir el voto femenino en el programa comunista. No es de extrañar dado los antecedentes que todos los partidos de izquierdas de Europa se opusieran al voto femenino. Muy revelador es el caso de la II República española, donde el sufragio femenino se aprobó con los votos de la derecha. Se opusieron entre otros el PSOE, a la vez que insignes feministas como Victoria Kent. Indalecio Prieto, por ejemplo, llegó a decir que aquello era «una puñalada trapera para la república».

¿Cuál era el posicionamiento de nuestro protagonista, Juan Vázquez de Mella, en este asunto? La realidad histórica es que fue seguramente el primer político español en defender el voto femenino. Así ya en 1914 el diputado carlista concedió una entrevista al periódico El Correo Español en la que defendió con entusiasmo la reforma parlamentaria para la concesión del voto a la mujer. A parte de su compromiso con los derechos de la mujer, también dejó para el recuerdo varias publicaciones de gran nivel intelectual imprescindibles para comprender el pensamiento político de la época.

Recientemente el Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó el cambio de nombre de la hasta entonces Plaza Vázquez de Mella, en el Distrito Centro de Madrid. Más allá de lo anecdótico como puede ser el cambio de nombre de una plaza reside una razón mucha más profunda que es la negación y la tergiversación de nuestra historia.

La memoria es un arma cargada de futuro. Nos dirán que simplemente están aplicando la Ley de la Memoria Histórica, que hay que eliminar de nuestro callejero cualquier elemento subversivo; sin embargo ni la más histérica y selectiva de las memorias puede obviar el hecho de que el golpe de estado se produjo en 1936 y Vázquez de Mella ya había muerto en 1928.

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