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La naturalidad con la que miente Trump

¿Les volvemos a votar? Ya sabemos que algunos políticos mienten (no todos). La pregunta que tenemos que respondernos es qué hacemos para castigarles

Gustau Alegret

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La naturalidad con la que miente Trump

La naturalidad con la que miente Trump

Vivimos en los tiempos de las noticias falsas o fake news que influyen y debilitan la confianza y credibilidad en los políticos, los partidos y las instituciones de las democracias occidentales.

Pero éstas no llegan siempre de fuentes anónimas o redes sociales controladas por gobiernos extranjeros, como pasó en la última campaña presidencial de Estados Unidos o en el referéndum del Brexit, ambos en 2016. Hoy hay mandatarios irresponsables que contribuyen a la difusión de información falsa sin ningún tipo de rubor.

La semana pasada, en la misma sala oval de la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos repitió ante las cámaras una afirmación que no es cierta. Junto al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, Donald Trump aseguró que su padre nació en Alemania. 

Ya sé que alguno de ustedes podría decirme que eso es algo pequeño, sin importancia. En mi opinión, no lo es. Y precisamente por pequeño, es relevante. ¿No es algo esencial de cada ser humano el origen de su familia? 

Trump lo dijo con naturalidad, sin inmutarse. Parecía incluso convencido, sin reparar que su padre, Frederick Trump, nació en Nueva York el 11de octubre de 1905 y murió en la misma ciudad hace ahora casi 20 años. Tal vez lo confundió con su abuelo, también llamado Friedrich Trump, quien efectivamente nació en Alemania y emigró a Estados Unidos a los 16 años, en 1885 pero no su padre. 

En esta ocasión Trump, junto a Stoltenber, aseguró sentir un «gran respeto» por Angela Merkel, la canciller alemana, a quien exigió que haga la aportación comprometida por los países a la OTAN, algo que ya ha dicho en otras ocasiones para criticar a la Alianza Atlática como parte de su política aislacionista. 

Para suavizar -imagino-, Trump añadió que su padre era alemán (como si eso le diera carta de naturaleza para criticar a Merkel) y que «nació en un lugar maravilloso en Alemania». 

La afirmación no es la primera vez que Trump la repite. El año pasado, también en una cumbre de la OTAN en Bruselas ya dijo que su padre era de Alemania: «Mis padres son de la Unión Europea», aseguró entonces. Y en julio de año pasado, en una visita a Escocia, le dijo a la cadena estadounidense CBS News: «no olviden que mis padres nacieron en sectores de la Unión Europea: mi madre era de Escocia, mi padre de Alemania». 

Si la afirmación de la semana pasada hubiera sido la primera vez que la oíamos, podríamos pensar que la mentira fue un desliz. Pero sorprende la reiteración de algo tan elemental en una familia, como la nacionalidad de los progenitores, y -sobre todo- la tranquilidad y la convicción con la que la repite. 

Aquí, ustedes podrían objetar que ya sabíamos que algunos políticos mienten (no todos). Pero la pregunta que tenemos que respondernos es qué hacemos para castigarles. ¿Les volvemos a votar? En Estados Unidos, a la base de votantes de Trump, esas grandes o pequeñas mentiras les tienen sin cuidado porque le siguen dando su apoyo, a pesar de que en todos esos casos de mentiras –las grandes, por la erosión institucional; y las pequeñas, por la pérdida de credibilidad de la política– tiene consecuencias para nuestras democracias. 

Yo creo que el político que miente es como el que roba. Y a ambos hay que castigarles con la mejor manera que podemos responder los ciudadanos: votando para que no se reelijan. Además, así, reforzamos la democracia que ellos, con sus mentiras, desprecian.

Gustau Alegret es periodista y director de noticias en Estados Unidos de NTN24.También es experto en comunicación política y corporativa. 

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