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Las baldías huelgas de hambre

La decisión de emprender una huelga de hambre merece todos los respetos, pero no deja de ser un camino equivocado

 

Diari de Tarragona

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El alcalde de Montblanc, Josep Andreu, en su despacho del Ayuntamiento de Montblanc, con un vaso de té en la mano. PERE FERRÉ

El alcalde de Montblanc, Josep Andreu, en su despacho del Ayuntamiento de Montblanc, con un vaso de té en la mano. PERE FERRÉ

El alcalde de Montblanc, Pep Andreu, comenzó ayer una huelga de hambre en solidaridad con la que llevan a cabo los cuatro políticos de Junts per Catalunya en la cárcel de Lledoners. Con esta decisión, Andreu, que milita en ERC, rompe la postura que su partido ha adoptado respecto a este tipo de protesta. El alcalde ha reiterado que es una decisión «personal». Pese a ser el líder de ERC en la Conca de Barberà, Andreu siempre ha marcado perfil propio dentro de la formación republicana. Andreu también se sumó al manifiesto pro Crida, el movimiento impulsado por Carles Puigdemont, contraviniendo la postura oficial de ERC. La nueva disgregación ha sido sumarse a la huelga de hambre. El anuncio de su decisión lo hizo ayer en el Ayuntamiento de la capital de la Conca, flanqueado por el presidente de l’Associació de Municipis per la Independència (AMI), Josep Maria Cervera y el exlíder de la AMI y exalcalde de Vic, Josep Maria Vila d’Abadal, amigo personal de Andreu. También ha recibido el apoyo del president de la Generalitat, Quim Torra. Pep Andreu es la primera persona que se suma a la huelga al margen de los presos soberanistas y ha asegurado que mantendrá su agenda política mientras las fuerzas y la salud se lo permitan. El alcalde sólo dejará el ayuno voluntario en el caso de que su salud corra peligro. Su acción responde a un acto de solidaridad y a «poner de manifiesto la implicación del mundo municipal con la independencia de Catalunya». La división entre el independentismo también se ha evidenciado en este episodio de las huelgas de hambre. La dirección de ERC, con buen criterio, considera que esta actitud no conduce a nada y sólo puede poner en riesgo la salud de los huelguistas. Ni el Gobierno, ni los jueces modificarán ninguna de sus posturas por la presión del ayuno de los políticos. A nivel internacional, sólo un desenlace dramático, que a nadie le alcanza, podría provocar una intervención exterior. En definitiva, el esfuerzo puede merecer un respeto, pero no evita calificarlo de camino equivocado.

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