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Lecciones soberanas

Es legítima y necesaria la pluralidad pero hay que cuidar mucho el no cometer errores
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Los ciudadanos participan democráticamente cada cuatro años y dictan sus lecciones soberanas que suelen estar trufadas de lo que se denomina sabiduría popular. Todos dirán que han ganado, solo Rosa Díez ha tenido que dimitir después la debacle de UPyD, e intentarán poner al mal tiempo buena cara pero se equivocarán de nuevo si no atienden las lecciones soberanas de los ciudadanos. Por ejemplo, cuando se habla de regeneración política, de renovación se tiende a jubilar a generaciones enteras porque han formado parte de uno u otro equipo. Enorme error, porque la regeneración precisa principios y valores sólidos, actitudes solventes e ideas verdaderamente democráticas sin importar demasiado la edad. Cada partido político tiene su ejemplo evidente. El más trascendente, por el riesgo que se corrió cuando se le nombró, es el del candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. Su figura personal superó posibles reticencias por haber sido ministro de Educación en el último Gobierno de Rodríguez Zapatero y estupideces pseudomodernas sobre el carisma y la simpatía. Los votantes han demostrado su hartazgo con los charlatanes y demagogos, por un lado, y total rechazo a quien ha tenido relación, directa o indirecta con la corrupción. Otra figura con edad y prestigio es la jueza Manuela Carmena que ha conseguido magníficos resultados en Madrid. Y otra persona que políticamente no estaba contaminada por la corrupción, Cristina Cifuentes, ha cosechado mejores resultados. Hay quien quiere enterrar el bipartidismo, es legítima y necesaria la pluralidad pero hay que cuidar mucho el diagnóstico para evitar errores con graves consecuencias para el sistema de convivencia. Entre las lecciones soberanas se puede destacar que es imprescindible recuperar principios y valores porque la crisis económica no sólo golpeaba con el paro, provocaba desafección y desencanto en grandes sectores de la sociedad. Por eso, no solo vale poner en valor la creación de puestos de trabajo, recuperar económicamente s a España, que es muy trascendente, se precisan candidatos solventes, con prestigio acreditado y sin tacha de corrupción, sin importar la edad. Y capacidad de pactos políticos transparentes.

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