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Los Juegos, una oportunidad única

Así era la grandeza y magnitud de mis juegos, fui la envidia y admiración de toda Hispania

Ramon Grau

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Muchacho, espabílate, soy tu ciudad otra vez. ¿Estás a menudo como yo a veces, quieta y resignada? Te recuerdo que fui el pimpollo del Mediterráneo cuando disfrutaba de dos nombres: Tarraco y el glorioso sobrenombre de Secondina por hallarme justo detrás de Roma, de reputada subcampeona. Debido a mi calidad y jerarquía, para celebrar los Juegos disponía de los excelentes Circo y Anfiteatro, ambos nuevos de trinca, no como los que ahora me estáis proyectando para los Mediterráneos 2017, la mayoría apañados, aprovechados, de poca monta y últimamente inciertos.

La obra fastuosa era mi Circo, su magnificencia y grandiosidad superaba cualquier edificación festiva de Tarraco. Destinado a los Juegos para solaz de mis habitantes. Seguro que sabéis lo que era un circo, ya que la película Ben Hur exhibió uno espléndido, por eso omito su descripción. No solo era escenario de carreras, se celebraban también otros juegos y ejercicios.

Los romanos construyeron los circos a imitación de los hipódromos griegos añadiendo la espina que dividía la arena en dos zonas.

La verdadera suerte arqueológica de vuestro circo estriba en que me fuisteis construyendo integrado y encima suyo, por ello habéis podido ir recuperando sectores del graderío y la gran infraestructura. Afortunadamente, mediante los testimonios estilográficos hallados, os habéis conmovido descubriendo los epitafios de Eutyches y Fuscus, mis dos mejores aurigas. La degradación de la obra superficial y acabados ha sido causada, a través de los siglos, por mis habitantes, que precisaban de esas, ahora preciadas, piedras para construir sus sencillas viviendas.

No se les puede reprochar su utilización. En cambio me indignó el envilecimiento de la clase ‘Vip’ en 1340 cuando el rey Pedro III, sin menester, hizo extraer los mármoles de mi circo para construir y adornar, en Lérida, el sepulcro de su padre. Parece ser que el derribo y apropiación despiadada era bastante normal, puesto que en la propia Roma Sixto V hizo demoler el impresionante Circo Máximo para emplear la piedra en la construcción de la Basílica de San Pedro, dejando eternamente una hondonada de tierra.

Los juegos comenzaban con una solemne procesión capitaneada por un magistrado ataviado con toga de púrpura que conducía una biga, seguían clientes con toga blanca, tras ellos la juventud a pie o a caballo y a continuación todos los que debían tomar parte del espectáculo: caballistas, conductores y bailarinas, cada grupo acompañado por sus músicos (como mi seguici actual). Al final los sacerdotes y corporaciones religiosas portando en andas a los dioses para ofrecerles sacrificios ante el Pulvinar (presidencia).

En los juegos que se celebraban los 15 de diciembre siempre salían carros tirados por mulas porque los romanos consideraban que fue el primer animal que se enganchó a un carro. Complementaban la fiesta los jinetes que corrían montando varios caballos, saltando de uno al otro, sentados, de rodillas o de pie, completando la pericia al recoger objetos de la arena. Sería inacabable relatar los distintos juegos, solo citaré las carreras a pie, luchas de atletas, pugilistas y diversos ejercicios simulando acciones militares.

Así era la grandeza y magnitud de mis juegos, fui la envidia y admiración de toda Hispania.

Ahora, mira por donde, queridos tarraconenses, tenéis la posibilidad de organizar los Juegos del Mediterráneo 2017. Es una oportunidad única para que los jóvenes de nuestro mar me conviertan en una ciudad que sea –como fue Tarraco– la envidia y admiración de los países europeos. Ocasión singular para que mis atletas, triunfen en su tierra, consigan la Palma, ¡ay perdón¡ las medallas que merecen. Soy Tarragona, he sido vivero y cuna de buenos, grandes deportistas, no quiero citar nombres porque seguro que olvidaría muchos –será en otro artículo–, pero mencionaré dos, femeninos como yo, que están ahora en la élite: Natalia Rodríguez y Berta Castells.

Pero atención, eso precisa de instalaciones óptimas –que me queden para el futuro– y sobre todo un consistorio unido, fuerte, decidido, entusiasmado y luchador, que consiga, como los antiguos romanos, transmitir y expandir –ahora mediante los medios televisivos europeos– mis cualidades: espléndida belleza e importantes tesoros arqueológicos. A nuestro nivel, deberíamos fulgurar como Barcelona con su olimpiada. No os puede ocurrir el anonimato de los Juegos de Mersin.

Tales edificios hay que financiarlos y veo que el panorama se presenta oscuro. Os está ocurriendo lo del Mercado Central, tropezamos con la misma piedra, la promesa de aportación estatal a vuestra prudente y moderada propuesta de 14 millones se ha convertido en irreal o voladora. Vamos a ver, ¿por qué 14 y no 40 millones como la subvención a Almería para los mismos Juegos? ¿Qué ocurre? ¿En qué quedamos? Catalana, pero, ¿no soy también una capital española? (de momento). Claro, ahora para esos exiguos 14 millones os vendrán con el escarnio de la precaria situación del país. ¡Sería un despilfarro! Aparece ufano el Sr. Rajoy: ¡Hemos salido de la crisis, somos ejemplo de recuperación en Europa! Oiga, ¿avanzamos? o ¿la mejora de la que presume solo es electoral? La ‘situación precaria’ del país no ha impedido indemnizar con velocidad de vértigo de un mes a la empresa de Florentino Pérez con una nadería de 1.300 millones por el fracasado negocio Castor. Para eso sí que hay dinero. Por cierto, como siempre, mis queridos tarraconenses, lo pagaréis añadido a la factura del gas, eso sí, poco a poco y sin intereses.

Veo que os estáis acostumbrando a la prudencia y conformidad. Conocida la elegancia y moderación de vuestro alcalde, hizo que me sorprendiera la ‘espantá’ del secretario de Estado, señor Cardenal, alegando que se marchó de su antedespacho por no querer esperar. Todo es posible, ¿pero de Ballesteros? ¡Uy, debía tener muchísima razón!

Para mi es clarividente que este ninguneado económico venía de la preocupación de Rajoy. Su problema más grave es Catalunya, estoy segura que alguna vez ha pensado: ‘desde 1940 la andanada nacionalista más fuerte en 75 años ha tenido que implicarme a mí y ahora’.

También creo cierto que no se le ha ocurrido discurrir: ‘por lo menos no les niegues subvención a estos de los Juegos dichosos, puesto que no se han declarado Municipio por la Independencia’. No, eso sería positivo. Ni el manifiesto de los alcaldes de las sedes le habrá movido.

No es lo mismo, pero esta situación me recuerda la sobrecogedora actuación de aquel Don Tancredo en las plazas de toros que al salir los 500 kg del astado se quedaba en el ruedo, quieto, estático, callado, sin respirar y conseguía que el bicho no lo corneara. No lo sé, pero puede ser que un día, en alguna plaza, confiado, debió saltar por los aires.

Ballesteros, soy tu ciudad, mi longevidad me autoriza a tutearte y ofrecerte unos consejos:

(1) Ni por escrito, desconfía de tener asegurada la miserable inversión que te prometan; (recuerda que hace dos años el 35 % de las obras presupuestadas para aquí, no se ejecutaron). (2) Procura que Rajoy no se entere que tienes un plan B. (3) Intenta no vender más patrimonio (4). Deja la prudencia, escóndela en el agujero del no parking Jaime I y haz algo fuerte, importante e imperativo, debes ser el alcalde que consiguió realizar los Juegos del Mediterráneo y sin miserias.

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