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Los jefes del mañana. La URV, ESADE y las huelgas de estudiantes

El país más autodeterminado del planeta. El domingo que viene hay unas elecciones, van siete ya, en sólo cuatro años. ¿Creen que nuestro mayor problema es que votamos poco y que se arreglará votando más?

LLUÍS AMIGUET

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LLUÍS AMIGUET

LLUÍS AMIGUET

Nada más triste que un aula vacía. Y nada más inútil que un profesor sólo en ella. Así es cómo me siento al llegar a la de la Universitat Rovira i Virgili (URV), donde este curso vuelvo a compartir mi amor por el periodismo con una veintena de alumnos de toda Catalunya, España y Argentina. En la puerta de la clase encuentro colgado un cartel: «Hemos decidido hacer huelga».

Minutos después hablo con un profesor de Esade que me encarga clases de Comunicación de Crisis. En Esade no falta nadie. Muchos alumnos tienen allí las mismas convicciones políticas que quienes han convocado la huelga, pero ahí están, formándose, ignorando la convocatoria, muchos, además, en inglés.

Adivinen quiénes serán, cuando todos salgan de las aulas, las jefas y los jefes en las empresas y quiénes les obedecerán. Y quiénes tendrán mejores sueldos.

Pregunto al alumno huelguista por qué no empleamos las horas lectivas en discutir sobre la independencia, los presos... Lo que quieran

Por los pasillos me cruzo con un profesor que leyó mi último artículo en esta página en el que pedía que, en vez de cruzar barricadas y pelotazos, cruzáramos argumentos. Abraza a tu cerdo, a tus adversarios políticos, venía a decir, porque si te peleas con él, acabarás lleno de mierda y el muy gorrino se divertirá. Los grandes estadistas supieron abrazar a sus cerdos, concluía, como Carrillo a Suárez o Mandela a De Clerck o Kohl a Hornecker. Y todo el mundo se benefició.

El profesor me recrimina mi «equidistancia» y me recuerda a Henry Kissinger: «En toda negociación -razonaba el estadista- hay que tender la mano al adversario, pero asegurándose también de que vea que en la otra llevas un garrote muy grande». Le contesto que no quiero hablar de garrotes.

Nos topamos con un alumno huelguista. Le pregunto por qué no empleamos las horas lectivas en discutir sobre los presos, la independencia, la autodeterminación… Lo que quieran. Aprenderíamos periodismo, política y retórica. Todo menos montar barricadas y quemar contenedores, porque así olvidarán cualquier cosa que hayan aprendido.

Le explico que el domingo que viene hay unas elecciones, van siete ya, contando las europeas, catalanas, municipales y las cuatro generales, en sólo cuatro años. Somos el país más autodeterminado del planeta. La nuestra es una democracia radical: ¿cree que nuestro mayor problema es que votamos poco y que se arreglará votando más?

Y en esas elecciones, desde hace cuarenta años, todos hemos podido votar independentista, animalista, ultraderechista y todo cuanto quepa en una urna. Los referéndums, al cabo, son una forma primitiva de democracia que las elecciones libres superan, como bien han redescubierto los británicos, al permitir escoger, con mucha más precisión que entre un sí o un no, entre todas las posibilidades de actuación política en asuntos complejos.

Me contesta que paralizando la universidad, ... quieren obligar a dialogar al Estado. Le pido hacerlo en el aula con quienes quieran ir a clase

Le argumento al alumno huelguista que los catalanes que piensan como él tienen la oportunidad de votar por su opción una vez más y con sus millones de votos convertir sus reivindicaciones en inaplazables. Si en vez de votar, paralizan la universidad, las calles, las autopistas y los centros de trabajo, degradarán el país que dicen amar. Contesta que actúan así, porque el Estado no les deja otra salida y ha humillado a todos los catalanes con sus cien años de prisión para nuestros representantes. Quieren obligar a dialogar al Estado. Le pido que también dialoguemos en el aula con quienes quieran ir a clase. Y me vuelvo a casa con el consuelo de la conversación con un alumno capaz de exponer sus razones y escuchar las de los demás. Mucho más de lo que consiguen algunos políticos.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona.

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