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Maricarmen

La vida, que nos ha traído la Covid-19, ha sido por algo y para algo. No hemos sabido o no hemos querido descifrar sus códigos, sus claves. Algo nos ha querido decir y sobre todo a los jóvenes, que son el futuro

Emilio Mayayo

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Emilio Mayayo

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El verano y las vacaciones dan para muchos hechos y muchos dichos. En mi anterior escrito narraba las historias de Enigma y sus curiosas conexiones, haciendo una propuesta a los lectores. Entre los libros que me he podido leer estas vacaciones, curiosamente en uno de ellos, escrito por Conan Doyle, en su primer capítulo se plantea un enigma, es el siguiente (543 C2 127 36 4 21 41/ DOUGLAS 109 293 5 37 BIRLSTONE/ 26 BIRLSTONE 9 127 171).

El receptor del mismo, Holmes y su colaborador Watson, resuelven el reto mandado hallando la clave mediante acertar el libro con el que descubrir las palabras que traducen los número del código. Este jeroglífico de números y letras les decía dónde se iba a producir un asesinato y ellos toman parte para su resolución. Esta ha sido una manera muy utilizada para mandar mensajes secretos entre amigos y conocidos sin necesidad de ser espías o agentes secretos, aunque se intentaba emularlos. Un libro en concreto de las mismas características servía para tener una conexión privada sin que nadie la pudiera conocer. En los tiempos actuales y con la telefonía móvil, ya no hay secretos y a muchos les importa un bledo que todos conozcan sus andadas.

La vida es el gran enigma que cada uno tiene y es un reto que cada uno resuelve según le viene. Todos vamos recibiendo señales y códigos que captamos y podemos ir descifrando a nuestra manera. Lo importante es estar alerta y hacerlo de la mejor manera posible, de esta manera orientaremos muestro futuro de una u otra forma. Basta recordar que en los libros está todo escrito. Hay uno escrito por Agatha Christie que pone en boca de miss Marple, esta gran frase «la vida es una calle de una sola dirección».

Con motivo de la pandemia que tenemos encima, y no nos olvidemos que después de este agosto va a manifestarse nuevamente, el Dúo Dinámico tuvo un resurgir con su archifamosa canción Resistiré, por cierto, debe haber pasado de nuevo al olvido.  Pero si buscamos en su discografía hay muchos y buenos éxitos, los más de cincuenta años cantando (desde 1958) han dado para ello. A colación quiero recordar otras dos canciones, la primera Amor de verano, que nos recuerda los amores jóvenes que nacen durante las vacaciones, y rezaba de esta guisa «El final del verano llegó y tu partirás, yo no sé hasta cuándo este amor recordarás…». La segunda es la famosa «Maricarmen dijeron todos, su mirar, su bailar, cautiva todos los corazones…», ambas han dado para mucho, ahora veamos cómo las entrelazo en este escrito veraniego.

Debía tener mis catorce y fui al pueblo de mis abuelos a pasar unos días con motivo de las fiestas patronales de verano. Llegué en un tren que para hacer doscientos kilómetros, tardó lo que no está escrito. Pero allí estaba yo dispuesto a pasar unas inmejorables fiestas. La casa de la abuela estaba a rebosar con mis primos y otros parientes, lo que aseguraba unas buenas fiestas. Sin embargo, entre otras muchas sorpresas que tuve fue que la reina de las fiestas infantil era una jovencita que llenó mis sueños adolescentes.

No tuve ojos para nadie más y no tuve más dinero que gastar buscando sus encuentros. En mi familia aún dicen que hipotequé mis ahorrillos y yo digo que hipotequé mi corazoncillo. Caballitos, autos de choque, tiro al blanco y baile en la plaza del pueblo. No sigo, pero todos pueden deducir lo de la segunda canción, Maricarmen dijeron todos, ya que no sólo a mí me cautivó. Pasadas las fiestas se cristalizó la otra canción mencionada (bendita inocencia), la del verano pasó y me toco retornar al hogar.

Volví a casa, a los estudios y la distancia enfrió lo que calentó el verano. Cosas de la vida, años después, siendo universitario, me topé con Maricarmen, seguía siendo una reina, aunque nada infantil. Los códigos, claves y todo eso que percibí, me revelaron que no volviera a gastar mis ahorros con ella. Muchas cosas habían cambiado y me vino a la memoria lo relatado por Agatha Christie, «al principio me pareció maravilloso, como una vuelta al pasado, a la parte del pasado que uno ha amado y con la que ha soñado». Pero, evidentemente, no es así. Con el tiempo transcurrido había aprendido que nunca debe revivirse el pasado, es como el agua de un río en la que no se puede bañar dos veces. Jamás se debe intentar revivirlo, la esencia de la vida es seguir siempre adelante, y es lo que hice.

Todo el mundo ha tenido su Maricarmen y todo en la vida tiene su razonamiento, lo único que nos toca saber es el descifrar sus encriptados. Indudablemente, no son iguales para todos, cada uno tenemos nuestras propias maneras de resolver las claves. Volviendo a la pandemia, basta ver los estragos que ha protagonizado gran parte de la gente joven durante estas vacaciones. Alegría, botellones, aglomeraciones, bailes y olvido del Resistiré a las 20h. ¡Como si ya no hubiera virus y deber social con el compromiso sanitario! Ahora vendrá el final del verano y esta pandemia no partirá y para más inri los hay que auguran una sexta ola mucho más dura.

La vida, que nos ha traído la Covid-19, ha sido por algo y para algo. No hemos sabido o no hemos querido descifrar sus códigos, sus claves. Algo nos ha querido decir y sobre todo a los jóvenes, que son el futuro. Pero con ellos no debe ir, para ellos sólo existen sus maricármenes y el amor del verano, cuando la sociedad les demandaba seguir con el resistiré, sabiendo que la vida es una calle de un solo sentido. Así nos va y así nos irá.

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