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Muerte en el hotel

Antoni Coll i Gilabert

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Con lo bien que se nos da a políticos y periodistas analizar la vida, ¡qué mal reflexionar sobre una muerte inesperada, como la de Rita Barberá!

Se dice que san Buenaventura obtuvo del Cielo permiso para continuar escribiendo sus Memorias después de muerto. Y que Chateaubriand no pidió tanto, sólo poder corregir las pruebas. Siempre quedan cosas por hacer. «Memorias inacabadas», tituló Paul-Henri Spaak las suyas.

Rita Barberá murió en un hotel, un lugar de paso. Quizá en sus últimos momentos recordó que también en la vida estamos de paso y que el juicio que nos interesa –como dijo su hermana– es el del Todopoderoso.

En sus Memorias de ultratumba, Chateaubriand, ante su final, escribió: «Veo los reflejos de una aurora de la que no veré salir el sol. Solo me queda sentarme al borde de mi tumba. Después, con el crucifijo en mis manos, descenderé audazmente hacia la eternidad».

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