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Nuestro modo de vida

Creen que nuestros horarios de trabajo, que sólo afectan a los que tienen empleo, son insensatos y que las jornadas laborales son tan improductivas como largas
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Los foramontanos, excluidos los inmigrantes, encuentran encantador nuestro país, pero cuando están fuera reconocen que es algo extravagante. La cosa viene de antiguo.

La Contrarreforma nos impidió reformar ciertas costumbres y ahora se quejan los europeos de nacimiento de los hábitos españoles, que ellos adoptan temporalmente. Creen que nuestros horarios de trabajo, que sólo afectan a los que tienen empleo, son insensatos y que las jornadas laborales son tan improductivas como largas. Además están convencidos de que dormimos poco. La generalización incurre, como siempre, algunos agravios. En mi insignificante caso, puedo afirmar que lo que he hecho más y mejor en mi larga vida ha sido dormir y por lo tanto he sido aproximadamente feliz durante más de un tercio de ella.

Los insomnes no saben lo que se pierden. Ignoran que el sueño es vida, aunque sepan que la vida es sueño. Mi admirado doctor Marañón nos decía que todo lo que excediera de cinco horas, era vida que nos quitábamos.

Murió con 72 años. Fui a su entierro, como medio Madrid. A la salida, un grupo de fervientes admiradores le rendimos un homenaje a la española, o sea, comiendo juntos y brindando por él. Recuerdo que alguien dijo, con todo respeto para el egregio difunto, que a él le gustaba mucho acostarse pronto, pero a condición de levantarse tarde.

Alterar nuestros horarios, incluidos los comerciales, va a requerir un cierto entrenamiento. Nada menos que Blas Pascal decía que si tuviera que buscar la felicidad en alguna parte, la buscaría en la costumbre.

Y como lo dijo Blas, punto redondo. Lo extraño es que la mayoría de los que pasan una temporada con nosotros, imiten algunos de nuestro reprobables modos de vida. No es insólito verles ingerir una paella, una fabada o un cocido, que son los tres grandes platos de choque de nuestra gastronomía, antes de irse a la cama. No hay que decirles eso de ‘que aproveche’ que es una vulgaridad utilitaria. Es preferible la fórmula de desearles ‘buen apetito’, que es más cortés, pero no hace falta. Comen como lobos.

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