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Odisea de una mujer maltratada

Le dan migajas y ella tiene mil obligaciones: médico forense, orientadora laboral, equipo de atención psicológica, cursos... ¿pueden dejarla tranquila? Así es imposible recuperarse

Rosa Casas

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Ella vino a España hace siete meses, casada, con sus papeles en regla. En los cuatro meses siguientes a su llegada, en más de una ocasión acudió a la policía a denunciar la situación de violencia, vejaciones, insultos, amenazas y malos tratos, pero la policía solo le preguntaba si le había pegado y que si no era así, que no podían hacer nada. Y no hicieron nada.

Entonces su pareja, sabiéndose intocable pues había agredido con anterioridad a dos mujeres más y no había pasado nada, la agredió físicamente con una brutalidad inconmensurable.

Ella pasó quince días en el hospital, fue operada de urgencia y sigue sufriendo dolores, en la piel derivados de la agresión física, pero sobre todo en el alma derivados de la tristeza, por todo.

Desde la entidad DHIDES tuvimos conocimiento de su situación a mediados de septiembre, cuando la trabajadora social del Hospital Joan XXIII no realizó ninguna gestión para facilitarle bienestar, «como no tienes papeles, no podemos hacer nada». Y sí tenía papeles. Sencillamente es más fácil no hacer. Igualmente, de no tenerlo, cuando una mujer es agredida por su pareja y tiene un auto de protección, automáticamente tiene derecho a que se le tramite el NIE, y a ayudas de emergencia, y a ser protegida y cuidada, pero todo esto no pasó. 

Si a mí siendo trabajadora social me cuesta tramitar todo lo que se necesita,
¿qué puede hacer una mujer sola, rota, sin fuerzas ni conocimiento sobre sus derechos?

¿Qué ingrediente le falta al mundo para poder trabajar con profesionalidad y hacer las cosas bajo criterios de eficacia, eficiencia y derecho? Tenemos recursos, existen, y no se tramitan, ¿por qué? 

Del hospital salió sin nada, sin dinero, sin saber qué hacer, sin lugar, así que se fue al piso en el que cohabitaba con su agresor y se lo encontró todo destrozado. Y no encontraba sus documentos. Otra vez a denunciar. Viendo las condiciones en las que estaba el piso, una mujer que conoció su caso la acogió en su casa, por suerte hay gente buena en el mundo que hace lo que no hacen aquellas que tienen el deber de hacerlo. Sororidad se llama.

Y desde entonces continúa la odisea, recorrimos todas las administraciones para recuperar sus documentos, y allá donde íbamos lo primero que nos encontrábamos era una negativa: en la OAC de Vila-seca «no la puedo empadronar porque no tiene un documento con foto», ya, pero tenemos una denuncia que dice que se ha encontrado su casa desvalijada y le faltan los documentos, «ya, pero no la puedo empadronar porque no tiene un documento con foto»... y al final la empadrona, porque sí se puede, pero el «no» por delante.

Llegamos al consulado marroquí y le tramitan toda la documentación para su nuevo pasaporte, pero no hay ninguna excepción de pago para mujeres en situación de violencia. 118 euros. ¿De dónde los sacamos? Finalmente, ante la negativa de ayuda, entre dos trabajadores del consulado y yo misma lo pagamos. Por suerte siempre hay gente buena que hace lo que las administraciones no asumen y hasta en los momentos de más dolor se puede encontrar humanidad y belleza.

Como tiene un auto provisional donde se la reconoce como mujer en situación de violencia, se le tramita el dispositivo Atempro, y cuando va a la Cruz Roja a buscarlo no le asesoran sobre las ayudas que puede solicitar, nada, silencio y paternalismo condescendiente, las dos estrategias más utilizadas en este sistema. De nuevo balones fuera.

Y balones fuera también la trabajadora social de su municipio. Ella dice que no tiene dinero, que no puede pagar su piso, que no tiene nada, pero no se ofrecen los recursos existentes, se callan, se ocultan, ¿por qué? Y no es hasta que voy yo en la segunda visita, en octubre, que le pregunto por ayudas al pago de alquiler o suministros, de tarjetas para alimentos, de algo para poder evitar tanto sufrimiento, que nos dice que «mirará de tramitar algo», pero no inicia ningún procedimiento ni nos dice qué tenemos que hacer hasta bastante tiempo después. 

Parece que el tiempo no cuenta en la administración. Todo puede alargarse seis meses y mientras, ¡nada! Ah bueno sí, alimentos cada quince días: un paquete de arroz, uno de pasta, atún, tomate, tres briks de leche, galletas y una botella de aceite. Y aún tendremos que dar las gracias por las migajas. Por suerte hay gente buena en el mundo que cubre voluntariamente lo que las administraciones teniendo la obligación de hacer no hacen. 

¡Ah! Y la prestación económica que se les da también «generosamente» a las mujeres agredidas, que se les paga mucho más a jóvenes delincuentes y a expresidiarios por si no lo sabíais, una prestación que no puedes solicitar hasta que tienes cuenta bancaria, una cuenta que no puedes abrir hasta que tienes un documento original, un NIE que no puedes tener hasta que tienes el pasaporte original, un pasaporte que no puedes tener hasta que no tienes un empadronamiento… ¡tardamos dos meses en conseguirlo todo!

Y todo esto tenía que tramitarlo a solas una mujer rota porque este sistema le dice «espabílate que ya eres mayor», enfrentar las negativas constantes ante las que te encuentras, conocer todos y cada uno de tus derechos. Si a mí siendo trabajadora social, no ejerciente pero conocedora del sistema, me cuesta conseguirlo, ¿qué puede hacer una mujer sola, rota, sin fuerzas ni conocimiento sobre sus derechos?Manda cojones.

Y aún no se está subvencionando el piso en el que vive, y sufre ella y la propietaria. Y aún no sabemos nada del piso de emergencias al que tiene derecho. Le dan migajas y ella tiene mil obligaciones: SIE, SIAD, inmigración, trabajadora social, médicos, médico forense, equipo de atención psicológica de juzgados, juzgado, orientadora laboral, cursos… por favor, ¿la pueden dejar tranquila? Así es imposible recuperarse. 

Y digo yo, en vez de exigirle a ella todo, ¿por qué no asumen las obligaciones que tienen como personal de la administración y tramitan rápido y eficazmente todo lo necesario para que pueda recuperarse? 

Falta poner amor en la práctica profesional, será ese el ingrediente que le falta a este sistema patriarcal. 

Mujer, si estás en esta situación y «pasan de ti», contáctanos, somos muchas, somos DHIDES.
 

* Rosa Casas es antropóloga, feminista y trabajadora social

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