Otro otoño caliente

NÚRIA PÉREZ

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Otro otoño caliente

Otro otoño caliente

A la triple crisis que teníamos abierta, sanitaria, económica y territorial se ha añadido ahora la institucional desatada por la salida de España de Juan Carlos I.

Cada una por sí sola tienen una magnitud suficientemente destacada como para que en su conjunto sumen un cóctel explosivo de difícil pronóstico, además de un flaco favor para la marca España.

Seguramente las principales preocupaciones de la gente están relacionadas con las dos primeras crisis, es decir, con la salud y el trabajo. Pero es evidente que el descalabro del PIB y el aumento alarmante del paro provocado por el coronavirus son un buen caldo de cultivo para querer dinamitarlo todo.

Así que es complicado adivinar cuál puede ser la reacción ante la escapada de Juan Carlos I, el principal símbolo de la Transición.

Su abogado emitió el lunes una nota en la que aseguraba que el rey emérito está a la entera disposición de la justicia pero no es un detalle menor que esa voluntad no figurara en la nota oficial de Zarzuela.

Y su huída, según parece a República Dominicana, no inspira la confianza que hubiera representado su alojamiento en una vivienda no dependiente del Patrimonio Nacional como hizo su padre, Juan de Borbón, tras la instauración de la monarquía en 1975, que estuvo muchos años de prestado en una mansión de la Moraleja, precisamente para no generar conflicto institucional alguno.

En definitiva, si los otoños de 2017 y el año pasado fueron calientes, el de este 2020 no pinta menos. La situación es tan compleja que la mejor receta si figuran entre los afortunados de estar en vacaciones es que las disfruten.

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