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Preguntas socráticas

No es la primera vez que políticos que se creen liberadores ofrecen a sus pueblos ´el oro y el moro´
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A propósito de lo que está aconteciendo en Grecia, cada quien arrima el ascua a su sardina ideológica, desde afirmar que en estos momentos el ‘pueblo’ griego está recuperando la auténtica democracia frente a la democracia de los mercados, curiosamente no he leído por ninguna parte que en Grecia por medio de Sócrates nació la ética, aquella que se deriva de ser consecuente con lo que uno ha defendido toda la vida y que no se puede, por aquello de salvar el pellejo, tirar por la borda lo que se ha defendido en todo un proceso vital pedagógico de filosofía política, como es que las leyes están para cumplirse y los acuerdos también, aunque vayan en perjuicio de uno; eso fue lo que señaló claramente Sócrates cuando sus amigos le ofrecieron que huyera, antes de beber la cicuta, ya que todos sabían que el juicio había estado amañado y que aquel jurado popular, muchos habían sido comprados y que lo que había de fondo era que los cobardes que no tenían el valor de enfrentarse intelectualmente a Sócrates falsearon los hechos y los datos, y así de aquel jurado popular, formado por 1.500 miembros, 780 votaron por la pena capital y 720 en contra. Y Sócrates dijo que el jurado era legal y había que cumplir la pena ya que él había defendido toda su vida el respeto a las leyes.

Vespasiano da Bisticci, nacido en 1421 y fallecido el año 1498, fue un escritor, humanista y librero italiano que descubrió la obra de Giannozzo Manetti nacido en Florencia el 5 de junio de 1396 y fallecido en Nápoles en 1459, que fue quien rescató los comentarios más certeros sobre Sócrates. Estamos seguros que los líderes de Syrisa les vendría bien que se leyeran la referencias que hace Mannetti en su obra Vida de Socrates, de cómo se gestó aquella ignominia, de condenar a muerte al filósofo, luego se ha sabido, según nos cuenta el Mannetti, el gran arrepentimiento que recayó sobre los atenienses por la muerte de Sócrates, ante su última lección, ya que inmediatamente se cerraron todas las palestras, los gimnasios. Sus acusadores fueron condenados unos al exilio, otros a la muerte y cuando volvieron de él algunos, como Anito y Melito, los ajusticiaron y tal fue la pena de los atenienses, que pidieron a Lísipo, el escultor más famoso del momento en Atenas, que realizara una estatua de bronce que colocaron en la plaza más frecuentada de Atenas para así honrar la memoria de filósofo.

A Sócrates sus amigos le ofrecieron que le defendiera Lisias, abogado famoso en aquellas lides y que conocía bien a los acusadores de Sócrates pues les había defendido a algunos de ellos en sus manejos y que si no quería que lo defendiera Lisias en la palestra, por lo menos que el propio Sócrates leyera el alegato que le había preparado. Sócrates les contestó: «Por favor ¡llévatelo! Yo mismo preferiría la pena de muerte, antes que ser obligado a pronunciarlo, aunque fuera en el último rincón del desierto de los escitas. Igual que no me pondría unos zapatos sicionios [famosos por su lujo y precio] aunque estuvieran bien hechos y fueran de mi número, por no ser apropiado al momento que vivo».

Cicerón en su libro Sobre el orador afirma de Sócrates: «siendo el más sabio de todos y habiendo vivido con toda rectitud, habló exponiendo su defensa, en el juicio en el que se le condenó a muerte, no de manera suplicante ni como un acusado, sino dando la impresión de ser el maestro y jefe de los jueces».

Ante lo que está aconteciendo en esta Grecia actual cabe preguntarse si no le habrá ocurrido al actual pueblo griego lo que le ocurrió a sus antepasados que fueron engañados por unos líderes corruptos que lo único que querían es defender sus propios intereses.

En verdad extraña que los dirigentes del partido de Syrisa son, por lo que estamos leyendo, todos ellos, personas que han gozado de unos recursos familiares que superan con mucho los 60 euros semanales y muchos de ellos han estudiado en las más caras y excelentes universidades del mundo, residiendo fuera de Grecia muchos años, y aunque algunos son considerados aristócratas, son comunistas, lo cual creemos que es un hecho significativo, tampoco Hegel y Marx eran unos muertos de hambre, pero esto nos lleva a la coherencia socrática, una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo, porque da la casualidad que el trigo lo siegan, lo sudan quienes lo cortan y no quienes desde los despachos planifican las siega.

Observando la historia no es la primera vez que políticos que se creen liberadores ofrecen a sus pueblos ‘el oro y el moro’, que se diría en refrán castizo, les ofrecen mil años de rico imperio y gloria, ya se sabe en que quedaron esos 1000 años imperiales, en una derrota total; otros ofrecen revoluciones totales en donde en el país va a reinar la justicia social, la equidad y la solidaridad y se va a convertir en faro todo un continente y ya se está viendo en que se ha convertido su país. Y así podíamos seguir hablando de políticos que tapan sus derrotas y sus fracasos pasando sus delirios a la sociedad civil, a ver si ella es capaz de hacer algo, ya que ellos cada vez más son incompetentes de poder llegar a acuerdos para sacar a sus pueblos de situaciones cada día más deterioradas, eso sí, ellos, siempre, al final logran convencer de la que culpa es de los otros que son criminales, engañan y además les roban.

Ojalá el ejemplo de Sócrates cunda, y los pueblos reflexionen con preguntas socráticas que hacen pensar si en verdad algunas afirmaciones contrastándolas con la realidad tienen alguna coherencia en vez de dejarse manipular emocionalmente.

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