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Primeros naufragios

Quien se burla del mayor genocidio de la historia ha de ser apartado de lo público
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Los nuevos equipos de gobierno de las grandes ciudades han cambiado en cuestión de horas la estética del poder. Manuela Carmena y Ada Colau van en metro al despacho en Madrid y Barcelona, y el nuevo alcalde de Valencia llega al ayuntamiento en bicicleta. Los atuendos son informales; los discursos, asequibles; los protagonistas, más jóvenes que de costumbre… Pero más allá de estos cambios escenográficos, en Madrid comienzan a cernirse algunas preocupaciones cuando no hace siquiera una semana que se ha puesto en marcha el nuevo equipo municipal, formado íntegramente por veinte concejales de Podemos, aunque Manuela Carmena haya puntualizado que ella no es del partido de Pablo Iglesias ni se considera por tanto sometida a su disciplina.

La realidad es que el electorado no conocía a la gente de Podemos: tras sus líderes, esos sí muy mediáticos, hay una muchedumbre de personas prácticamente anónimas, algunas de las cuales tienen preocupantes rasgos biográficos que acabamos de descubrir. El que más fama ha adquirido ha sido el concejal Guillermo Zapata, quien en 2011 publicó unos tuits en los que ironizaba sobre Holocausto, sobre el terrorismo etarra y sobre las mutilaciones de Irene Villa, víctima de la banda. La salida a la luz de semejante pornografía intelectual le ha obligado a abandonar la concejalía de Cultura y Deportes, pero continúa siendo concejal sin que la presidenta de la corporación, la alcaldesa Manuela Carmena, le haya sugerido la conveniencia de marcharse. La hostilidad contra este sujeto que sentimos y manifestamos muchos no se debe a prejuicio ideológico alguno: sencillamente, pensamos que quien se burla del mayor genocidio de la historia o de una niña destrozada por una bomba de ETA ha de ser apartado de lo público, e incluso investigado por la fiscalía por si tales expansiones fueran delictivas.

Otros concejales de Carmena han defendido también posturas violentas en Twitter y la portavoz de la corporación, Rita Maestre, está imputada por un delito contra los sentimientos religiosos por haber irrumpido violentamente en la capilla de la Complutense en demanda de laicidad. ¿No habíamos que dado en que los imputados debían quedar fuera de las instituciones?

Se dirá que todo lo anterior es anecdótico, y hasta puede aceptarse tal opinión. Pero conducir una gran urbe es una tarea muy ardua y compleja, y es natural que surjan dudas sobre la idoneidad de estas personas al frente de la administración municipal. Porque más allá de la bonhomía, del ‘rescate social’ que se planea, de cierto cambio lógico de preferencias, la eficiencia es plenamente exigible, más allá de ocurrencias y de gestos que pueden resultar tan seductores como inútiles en la práctica.

Madrid, como Barcelona o Valencia, es una gran ciudad que brilla en un contexto internacional acreditado, y no es positivo que los incidentes que acaban de reseñarse aparezcan ya en las páginas de la prensa salmón de todo el mundo, con comentarios asombrados. En el caso de Madrid, el PSOE, que no está en el gobierno municipal pero que lo hace posible con sus votos, tiene que poner plazo al desastre si no quiere contaminarse gravemente con lo que hasta ahora es, más que nada, inaceptable sectarismo e inquietante impericia.

 

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