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Queridos hipsters de Tarragona, confieso que no soy uno de vosotros

Pese a los sustos, os estoy agradecido. Soy de una de esas generaciones que educaron para ser progre y admiro tanto vuestra revolución estética, como envidio vuestro conformismo político

Lluis Amiguet

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Queridos hipsters, Para empezar, debo confesar que no soy uno de vosotros, aunque lleve barba, porque no es como la vuestra: tupida y mimada, sino más bien una pelusa guarrilla, desaliñada, con vergonzante clapa en las mejillas… Ese  mochito que mi madre disculpa caritativa diciendo que, por lo menos,  me tapa la papada.

Los de mi quinta somos demasiado mayores para hipsters y demasiado jamoneros. Y aún buscamos la morcilla en el plato de quinoa y los fideos de la abuela en vuestras sopas de calabaza. Por eso, nuestras consiguientes barriguitas combinan mal con vuestros pantalones pitillo haciéndonos parecer olivas mal pinchadas.

Llevo unas gafas de pasta, sí, porque me dijo la de la óptica que esas tan ligeras sin montura y tan cómodas ‘fan gran’. Y como nadie quiere parecer un abuelo, me coló unas de azafata del ‘Un, dos, tres’, que me dejan un ángulo muerto en los semáforos que un día acabará mal, porque sois unos kamikazes con los patinetes eléctricos. 
Pero, pese a los sustos que me dais, os estoy agradecido. Soy de una de esas generaciones que educaron para ser progre y admiro tanto vuestra revolución estética, como envidio vuestro conformismo político: sube la ultraderecha; se hunde la monarquía, pierde el Barça la champions que ya acariciaba…Vuestra respuesta es siempre la misma: volvéis a la peluquería a retocaros las patillas.

Os queremos, hipsters, por complicarnos la vida y por devolvernos la barba

 Gracias, hipsters, por haber recuperado las peluquerías en toda la Catalunya Nova cuando se había jubilado ya el último de los peladores que, en vez de ponerte a los Black Keys desde su iphone conectado al bluetooth, te ponía a caldo al alcalde, pero cortando a tijera, eso era clase, y no con esas podadoras vibrantes que os encantan.
¿Cuántas cervezas, fetas a Tarragona, habéis convertido en imprescindibles? ¿Cuánto fútbol de proximidad en una alternativa inteligente a los enfermos de Barça?
Gracias, amigos barbudos. Porque hoy hasta en el McDonalds encuentras vuestras cervezas que saben a fresa, menta, limón o naranja. A todo menos a cerveza. ¡Qué aburridos eran aquellos días que ibas a la barra y decías “ponme un quinto” y ya estaba todo dicho! Hoy para pedir una caña hay que escribir una novela. Muchas gracias.

Gracias por haber recuperado las peluquerías en toda la Catalunya Nova cuando ya se había jubilado el último de los peladores

Y lo que habéis conseguido con la cerveza, también con el pan (veinticinco clases de semillas; el café, mil tuestes, molidos, orígenes, donde antes bastaba con pedir un cortado; y los helados, el chocolate (pedir una tableta es una lección de geografía)…
¡Y los gin tonics! ¡Qué festival de  frutas, aromas, matices, sugerentes y delicadas esencias perfumadas! Con pepino, menta, fresa, fruta tropical, arándano…Donde antes se pedía un cubata, bebida de puticlub de los Monegros, o un gin tonic y ya está, hoy que tomar tantas decisiones a la vez, que acabas pidiendo un agua…¿Con gas, sin gas, burbuja pequeña, grande, frizante, alcalina, del país, italiana, francesa, de balneario…? ¡Cómo echo de menos cuando sólo podía ser del grifo…Y te miraban mal…O de pago!
Ya está decidida el agua, pero no se acabó el discurrir, ni puedes seguir hablando con la novia, porque también os gusta precisar los vasos e insiste el camarero: ¿largo, corto, copa, copa grande, helada, del tiempo...?

Y lo mismo ha pasado con la retransmisión del fútbol. Vosotros sois los responsables de que el locutor que antes cantaba un gol y punto hoy repase estadísticas como desgañitados actuarios de seguros.

Os queremos hipsters, por complicarnos la vida y por devolvernos la barba.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona. 

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