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Opinion EDITORIAL

Rajoy capea el caso Gürtel

Nuevamente, para capear el temporal,  le ha bastado a Mariano Rajoy la utilización del método que más le gusta desplegar: no hacer absolutamente nada.

Diari de Tarragona

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Rajoy en su escaño del Congreso de los Diputados. EMILIO NARANJO (EFE)

Rajoy en su escaño del Congreso de los Diputados. EMILIO NARANJO (EFE)

A estas alturas es evidente que el caso Gürtel ya ha ocasionado el Partido Popular y a Mariano Rajoy todo el desgaste que podía ocasionarle. El pleno extraordinario celebrado ayer para analizar el referido caso de supuesta financiación irregular del PP no ocasionó ni un rasguño al presidente del Gobierno que incluso se permitió la osadía de no citar ni en un sólo momento la palabra Gürtel, chulería que desató la rabieta en las filas de la oposición. Hasta este punto se permite ir de sobrado Rajoy ante los casos de corrupción que asolan a su formación. Como él mismo se encargó de recordar durante la comparecencia, hasta en 52 ocasiones ha hablado Rajoy de las presuntas irregularidades financieras en su partido. Hasta en dos ocasiones le ha otorgado la Cámara su confianza, la última a raíz de la moción de censura presentada por Unidos Podemos. Y hasta por tres veces ha ganado las elecciones, si bine es cierto que con un severo retroceso de votos la última, pero insuficiente para descabalgarle de la Moncloa. El formato cómodo que impedía acorralar al compareciente con preguntas incisiva y con repreguntas y los dos grandes temas que acaparan ahora la actualidad (el terrorismo y el problema con Catalunya) han terminado por redondear el campo de batalla a favor de los intereses de Rajoy. La oposición puede que no se haya cansado de bombardear por este flanco las defensas del PP porque, de hecho, argumentos tiene más que sobrados para hacerlo. Sin embargo, por las razones sociológicas que sean, la corrupción política la da por amortizada el electorado. Es evidente que sin una alternativa clara y homogénea y con un verdadero liderazgo que convenza a los electores, tenemos Rajoy para rato. En esta ocasión, el presidente del Gobierno no ha tenido ni un rival visible porque se suma la circunstancia que el hombre llamado a ser la apuesta socialista no es en estos momentos ni diputado. Más fácil no lo podía tener Rajoy. Nuevamente le ha bastado para capear el temporal utilizar el método que más le gusta desplegar: no hacer nada.

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