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Día Internacional de la Danza

Como profesional con más de 35 años de experiencia en danza, y habiendo observado los eventos que se realizan con el patrocinio del Área de Cultura de los Ayuntamientos, en principio con vocación y obligación de servicio público, no comprendo y critico abiertamente, que hagáis un monopolio de la celebración del Día Internacional de la Danza, solamente con la participación de las escuelas de danza privadas.

Es el día de todos los bailarines y excluir a las AMPA, asociaciones, clubs de hobby, centros cívicos y grupos Amateur no vinculados a las escuelas privadas, no es una celebración sino una muestra elitista, clasista, y choca de frente con el objetivo de este evento de dimensiones internacionales, de manera que extrapolando a otros eventos culturales, el Día del Libro no es sólo para los lectores de Biblioteca y el Día de la lucha contra el Cáncer no es sólo para los enfermos de los hospitales.

Tal como recomienda el doctor Alkis Raftis, presidente del Consejo Internacional de la Danza, el objetivo es llegar al máximo de personas posibles, practicantes o no, y ser inclusiva y no competitiva.

Lo dice él este año y yo llevo muchos años diciendo lo mismo. Estáis convirtiendo esta celebración en una exhibición más, a costa de los impuestos de los ciudadanos, en parques y plazas públicos, obligando a mirar y en ello hay exclusión, pues la danza como práctica lúdica y cultura también es un patrimonio universal.

Algunos invitáis a participar y lo hacéis a través de un video, donde hay que aprender bajo vuestra batuta, obviando el sentimiento de ridículo o desventaja de los no practicantes, en lugar de disfrutar libremente con otro tipo de propuestas espontáneas.

Se trata de bailar... lo que sea. En modo alguno se estipula que sea ballet clásico o una disciplina de conservatorio. Se trata de hermanarse con un sentimiento solidario y festivo. Aprovecho para remarcar que CID propone la necesidad de estudiar y mejorar técnica y artísticamente, pero también subraya, la libertad en la práctica y la enseñanza no sometiéndose a estos monopolios educativos, que se van imponiendo y que además de promover la danza también persiguen el legítimo, pero al fin y al cabo, negocio de la docencia privada.

Y lo digo yo que he sido docente en escuela propia, ajena y en asociaciones no lucrativas tanto de joven como veterana, en beneficio de muchos niños que no podían acceder por problemas económicos, o por no tener unas expectativas de carrera.

En cuanto a los impuestos y una posible competencia desleal por parte de colectivos no privados o no oficiales; los pagamos todos, en proporción a nuestras actividades laborales o de consumo. Y se regulan legalmente. Es más, desde esos caldos de cultivo primarios se envían alumnos a los centros. El arte no es competitivo, más que con la propia mejora individual.

La categoría de un docente y sus enseñanzas, no se mide por la calidad del parquet o las instalaciones de una escuela, ni siquiera por los falsos premios de los famosos concursos de danza tan en boga actualmente, un sistema de marketing basado en el éxito social, poco menos que pactados, pues todos los concursantes se llevan uno, sin ninguna validez y que nuevamente excluye, a los practicantes vocacionales que no desean más que un sano entretenimiento o habilidad social y no pueden permitirse el gasto de la exhibición teatral.

El fenómeno propagandístico, roza además de generar la envidia o el deseo, la postura en el escaparate, el peligro de las fotos en red abierta con muchos menores desprotegidos en páginas «de centros educativos» que ignoran el alcance de tal práctica.

Yo misma detecté a un pederasta, camuflado, en una de esas páginas de una escuela de danza en Tarragona, avisando a la propietaria hace unos años.

Creo que esta forma de celebrar el Día de la Danza es interesada y vergonzosa, en mi país.

Y todavía, mi país es Catalunya y es España.

Caarolina Figueras

(Coreógrafa y directora artística)

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