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Opinion EDITORIAL

Un país con carreteras del siglo pasado

La bonificación de la AP-7 condicional es un apaño para salir del paso, pero no nos debe hacer olvidar que sufrimos una red de carreteras impropia del peso de Tarragona.

Diari de Tarragona

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El período estival agudiza el colapso que sufren las principales carreteras de la demarcación de Tarragona, tanto las que cruzan la provincia de norte a sur como las que lo hacen de este a oeste. Los problemas más graves se encuentran en la N-340, en la C-14 y en la N-240, que suponen tres auténticos tramos negros por siniestralidad, inseguridad y colapso, sobre todo en horas punta los fines de semana. En plena temporada turística cruzar Tarragona en coche es un ejercicio de aventurismo. Hasta ahora, las constantes reclamaciones del territorio han servido de muy poca cosa. Ayer, y toquemos madera,  se anunció un principio de acuerdo para que la autopista AP-7 sea gratuita para turismos en el tramo entre Vilafranca Sur y Ulldecona, siempre y cuando el viaje sea de ida y vuelta en un período de 24 horas. Es decir, se pretenden aligerar la cruz que cargan aquellos conductores que, por motivos laborales, se ven obligados a realizar este trayecto cada día. En el caso de los camiones no se aplicará el mismo rasero pero se dispondrán bonificaciones de hasta el 50% del peaje para los desplazamientos locales. No han tardado en protestar desde el gremio de transportistas por cuanto las bonificaciones que se aplican en La Rioja son del 75% para los vehículos pesados. La liberación condicionada y temporal de peajes de la AP-7 no deja de ser un paño caliente. Dadas las circunstancias y la gravedad de la situación de la N-340, la medida es un balón de oxígeno, pero nada más. Hay que seguir reclamando una verdadera solución. Mientras no llega, la misma fórmula debería trasladarse a la AP-2 entre Montblanc y Lleida como también vienen reivindicando los alcaldes de la zona, sin ir más lejos con la enésima manifestación el pasado domingo. Al margen de los imprescindible apaños, la red viaria de Catalunya requiere una revisión a fondo. Las inversiones realizadas no responden a las necesidades de un incremento de tráfico desbordado por el crecimiento del parque propio y por el incremento de visitantes y de viajeros de paso. Somos un país con vías del siglo pasado.

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