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Una Cuaresma para exigir perdones

Deudas históricas. México exige perdón a España por la Conquista y un imán de Sevilla por la Reconquista. A Tarragona le deben excusas Alemania, Francia, Italia, Marruecos, Suecia y más

Joaquim Roglan

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Una Cuaresma para exigir perdones

Una Cuaresma para exigir perdones

El editorialista gráfico Napi y este Diari han sido los primeros en lanzar una iniciativa que merecería tenerse muy en cuenta. Especialmente cuando tanto se debate sobre distintas memorias históricas. Es una idea oportuna, ya que la Cuaresma es tiempo de penitencia, meditación y perdón. Cuando Napi vio que el presidente de Estados Unidos Mexicanos exigía al Reino de España que pida perdón por la Conquista del Imperio Azteca (1519), y que un imán de Sevilla le reclama lo mismo por la Reconquista de Al-Ándalus (1492), el humorista tarraconense escribió en su viñeta: «Presidente de Italia, quiero que pida perdón por los abusos cometidos por las legiones romanas y por dejarlo todo lleno de ruinas». 

Siguiendo la misma lógica del presidente mexicano, del imán sevillano y de Napi, Tarragona podría exigir a la República Federal de Alemania que pida perdón por la invasión germánica del año 259, mucho antes de que Tarraco tuviese ni dicho nombre. También a las Repúblicas Bálticas de Lituania, Letonia y Estonia por enviar a sus bárbaros a invadir Tarragona el año 360. A la República Francesa porque no ha presentado excusa alguna por sus invasiones de francos el año 260, además del gran saqueo del 541, sin olvidar el asedio y masacre de ciudadanos de Tarragona que tuvo lugar durante la guerra del francés el año 1808. Tampoco el Reino de Marruecos ha pedido disculpas por su conquista islámica de 713, por dejar arrasadas y despobladas las tierras tarraconenses, ni por las matanzas y desmanes cometidos por las tropas marroquíes a las órdenes del general Franco. 

Larga es la lista de reinos y repúblicas que no han reconocido ni pagado sus deudas a Tarragona. Ni, al parecer, piensan hacerlo con efectos retroactivos ahora que hay tan buenas relaciones económicas, culturales y turísticas con los países citados y con otros. Caso aparte, aunque ahora pertenezca a Francia, es el de Normandía, cuyas tropas de origen vikingo procedentes aproximadamente de lo que hoy son el Reino de Suecia y el Reino de Dinamarca, se plantaron en Tarragona y construyeron su castillo para colonizar la ciudad y sus campos. Ambos reinos nórdicos no han pedido perdón.

Pero en este caso, como en otros citados, siempre se pueden exculpar o justificar argumentando que los comandaba Robert Bordet de Cullei, normando casado con una catalana, catalanizado como Robert d’Aguiló, nombrado Príncipe de Tarragona y subordinado a las órdenes que le impartían desde Barcelona el obispo y santo Oleguer Bonestruga y el conde Ramón Berenguer III, que había expulsado a los invasores musulmanes. Con el beneplácito, todo ello, del Papa Gelasio II. Las crónicas de entonces, definieron a Tarragona y aledaños como «destruida y desierta, sin cultivos ni inquilinos». 

Tampoco el Vaticano ha pedido perdón por lo que aconteció después a Tarragona. Pasó que a la muerte del arzobispo Oleguer, le sucedió el arzobispo Bernat Tort, persona de confianza del conde de Barcelona, y comenzó un proceso de continuados conflictos entre el Príncipe de Tarragona y el arzobispo de Tarragona. Dicho proceso de intrigas y ansias de poder sobre las tierras tarraconenses acabaría de mala manera. Las disputas entre Guillem d’Aguiló y el nuevo arzobispo Hugo de Cervelló fueron a dar a los tribunales, que otorgaron a la familia Aguiló el privilegio de nombrar justicias y veguerías en la región de Tarragona. 

La sentencia desagradó al arzobispo Hugo y ordenó asesinar a Guillem d’Aguiló en Tortosa. Sus hermanos, Berenguer y Robert, mataron después al arzobispo Hugo y se exilaron a Mallorca. El principado de Tarragona ya no se pudo reconstituir y fue anexionado al Condado de Barcelona bajo soberanía del Conde de Barcelona, los Príncipes de Catalunya y las Cortes Catalanas. Ni la Santa Sede, ni Barcelona ni las mismísimas Cortes Catalanas han pedido todavía perdón a Tarragona. 

Así pues, de seguir la tendencia de exigir perdón unos a otros y otros a unos por asuntos que ya casi nadie sabe o recuerda, Salou podría exigir disculpas a Tarragona, porque el año 1509 se prohibió comercializar a su puerto en favor del de Tarragona. Total, cinco siglos pasan volando, la memoria a veces falla y santas pascuas. 

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