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Utopías y realidades

La gente de empresa quiere soluciones a problemas, no fantasías irrealizables, pero  los grandes empresarios fueron personas que no perdían sus utopías de vista 

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Franc Ponti, Profesor de innovación en EADA Business School

Franc Ponti, Profesor de innovación en EADA Business School

Siempre me han gustado las utopías. Aunque no llegemos nunca a alcanzarlas, nos ayudan a caminar hacia una determinada dirección. Las personas y las empresas sin utopías me parecen un poco aburridas, la verdad. Tocar de pies al suelo es bueno, nos conecta con el principio de realidad. Pero perder los sueños de vista nos transforma en entes anodinos, sin ilusión, sin pasión.

En mis clases intento hablar de utopías todo lo que puedo, procurando no hacerme pesado. Sé que la gente de empresa quiere soluciones a problemas, no fantasías irrealizables. Pero también sé que los grandes empresarios fueron, en general, personas que no perdían sus utopías de vista. Muchos, incluso, llegaron a acariciarlas.

Un buen directivo debe mantener esa dicotomía: generar ingresos para el negocio y, a la vez, transgredir los límites

No es fácil gestionar la tensión que se produce entre utopía y realidad. Ambas, creo, son muy necesarias. Una de las funciones de todo buen directivo es mantener viva esa aparente dicotomía: generar ingresos para mantener el negocio y, en paralelo, alimentar la ilusión por ir más lejos y transgredir los límites.

Es por esta razón que me encanta conocer casos de empresas que han conseguido hacer lo que quizá un día consideraron utópico. Durante mi trayectoria como profesor de innovación he disfrutado lo indecible explicando casos alucinantes como los de Gore-Tex, Patagonia, TED, Whole Foods Market, Airbnb, Wikipedia o la Singularity University, por sólo nombrar algunos.

A veces noto que, cuando hablo de estos temas, algunos participantes se ponen nerviosos. No aceptan que la empresa pueda ir de la mano de cierto romanticismo. Se empeñan en tocar demasiado de pies al suelo: números, márgenes, trabajo duro, sacrificios, disciplina, órdenes... Todo eso es sin duda importante, pero debajo de las baldosas, el parquet o el microcemento de cualquier empresa bullen, no lo olvidemos, ganas de romper, de innovar, de acercarnos a nuestras utopías. Como se decía en el mítico Mayo de 1968, «sous les pavés, la plage!».

Hay todavía demasiadas organizaciones con gente quemada, aburrida, desaprovechada e infeliz.

Pienso que las escuelas de dirección de empresas tenemos esta labor. Recordar que bajo el pavimento hay playas maravillosas. Que cualquier empresa debe ganar dinero y ser rentable, por supuesto. Pero no atropellando las ganas de crecer de sus integrantes ni escatimando a sus clientes la pasión por hacer las cosas mejor. Hay todavía demasiadas organizaciones con gente quemada, aburrida, desaprovechada e infeliz. Me hablaron el otro día de una empresa que, a medida que sus empleados van ‘ascendiendo’, les aumenta un poquito el tamaño de su despacho, calculándolo al detalle. Debajo de la playa, cemento...

Tengamos utopías, luchemos por ellas sin desánimo. Quizás un día veremos como se hacen realidad. O, si no es así, nos habremos divertido mucho más y podremos explicar a nuestros nietos historias que les haran brillar los ojos.
 

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