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Opinion editorial

Varapalo de Estrasburgo al procés

Las esperanzas que los independentistas tienen cifradas en Europa han recibido un severo revés que debe servir de aviso

 

Diari de Tarragona

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Concentración de apoyo a Carme Forcadell. ACN

Concentración de apoyo a Carme Forcadell. ACN

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, ha rechazado la demanda presentada por Carles Puigdemont, Carme Forcadell, Oriol Junqueras y otros diputados contra la anulación por parte del Tribunal Constitucional español del pleno del Parlament de Catalunya del 9 de octubre del 2017 en el que se iba a declarar la independencia de Catalunya. El fallo del tribunal, con inusitada rapidez a tenor de los plazos habituales de esta instancia, considera que el Tribunal Constitucional no violó el derecho de libertad de reunión ni el de libertad de expresión, como sostenían los demandantes, sino que su actuación fue «necesaria en una sociedad democrática» porque perseguía, entre otros objetivos, «la protección de los derechos y libertades ajenas».
El fallo supone un importante toque de alerta a las esperanzas que los independentistas tienen depositadas en la justicia europea. Un toque de alerta que debería servir para hacer autocrítica de las chapuzas y desmanes jurídicos consumados en el improvisado y torpe procés. Los jueces del TEDH recuerdan que en España, los ciudadanos o un partido político puede hacer campaña a favor de un cambio en la legislación o en las estructuras jurídicas y constitucionales del Estado, siempre que utilice medios legales y democráticos y proponga un cambio compatible con los mecanismo del Estado de Derecho. El entramado legislativo con el que el Parlament pretendía dotar de legitimidad el procés y la declaración de independencia se hizo ignorando los propios dictámenes de los juristas de la cámara catalana y despreciando a los grupos políticos contrarios al procedimiento.
Esta sentencia, que supone un severo varapalo a la estrategia independentista, no presupone que otros recursos puedan caer del lado secesionista por los errores cometidos por parte del Estado español. Razón de más para apelar a una salida política al conflicto sin esperar que el problema encuentre salida en las instancias judiciales europeas, donde difícilmente podrán proponer una solución.

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