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Verano negro

No se puede olvidar a Manuel Vázquez Montalbán con su detective Pepe Carvalho

Ángel Camacho

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En las hermosas playas de Cambrils la gente se relajaba a mi alrededor. Algunos leían revistas; otros, novelas. Cuirioseé: eran detectives o así. Pensé en la gran cantidad de series en TV: Vera, CI, Miami Vice… Los crímenes siguen de moda. Las novelas de detectives son solo parte de lo que podíamos llamar ‘novela negra’. Esta es la que comprende las narraciones sobre crímenes, intriga, misterio…

Todo comenzó cuando la novela gótica inglesa se aparejó con los folletines franceses, ambas sobre la base de sucesos misteriosos. Con Wilkie Collom y Emile Gaborian el crimen pasó a ser la esencia de las novelas, diferenciándose de las de aventuras.

En España se pasó de los relatos por entregas (con bandoleros, asesinatos) a crónicas en las que destacó Daniel Freixa i Martí en 1828. Hasta el final del siglo XIX libros y revistas popularizaron las traducciones que se hacían de la obras inglesas y francesas. Lo hacían, por ejemplo, el Diario de Barcelona y El Liberal, de Madrid. Luego, al entrar el siglo XX pasó el tema a las revistas: en 1901 era La Patria de Cervantes quien presentó al detective más famoso: Sherlock Holmes. El mismo Blasco Ibáñez recoge sus aventuras en la colección ‘La novela ilustrada’. Entonces, todas las editoriales se decidieron a poner en sus catálogos obras de Arthur Morrison, Louis Tracy y otros como William Le Queux, considerado como creador de la novela de espionaje.

Los escritores españoles se mantuvieron alejados de esta narrativa, quizás por creerla inferior. Pedro A. de Alarcón escribió la que pudo ser la primera novela negra, titulada El Clavo. Nadie le siguió, ni Pérez Galdós, ni Pío Baroja, ni Blasco Ibáñez, aunque realizaron novelas sociales, pero sin el crimen misterioso como núcleo del relato.

Tuvo que ser una mujer, Emilia Pardo Bazán, la que escribiera relatos cortos y una novela La gota de sangre en 1911 acercándose a la novela negra. Ella estaba influenciada por Conan Doyle y siguió el típico sistema británico del enigma. El traductor de Sherlock Holmes, Josep Francés, quiso unir el enigma inglés con el erotismo en El misterio del Kursaal, sin éxito.

Sería Joaquín Belda quien publicó la primera novela larga del género en 1914 con ¿Quién disparó?, seguida de Una mancha de sangre en 1915. Le siguieron Prudencio Iglesias, Díaz de Tejada, Bedoya, Bergua, Carrera, pero a un nivel inferior.

La eclosión de la novela criminal fue cuando los buenos escritores entraron en el tema como Fernández Flórez y Jardiel Poncela (ambos, en clave de humor). Fue E. C. Dalmau (Jaime Bert) quién creó en 1932 el primer detective español y catalán con El secreto del contador del gas. Luego, Agustín Elías y Valentín R. González (Belisario) elevarían la calidad de estas novelas. Que interrumpió, como tantas otras cosas, la Guerra Civil.

Tras ella, la década de los 40 presenció la abundancia y calidad no compatible con ningún otro período (lo dice Salvador Vázquez de Parga). Aparecieron colecciones, editoras por toda España así como desde Argentina y Méjico. ‘Letras’ en Zaragoza, ‘Biblioteca Oro’ de José Janés, ‘Austral’ de Espasa Calpe, Plaza… 

En 1953 estalló la bomba con la aparición de James Bond(007) original de Ian Fleming. En nuestro país la calidad se supera desde 1960 con Gloria en subasta de Núñez Alonso (1964), Historias de Plinio de García Pavón (dado en TVE), González Ledesma, Antonio Viader y otros. Desde 1980 la novela negra americana –siempre con el antecedente de Edgar Wallace– inunda todo con las ediciones que hace Sedmay con ‘El Club del Crimen’ y ‘El Círculo del Crimen’, Laia con ‘Alfa 7’, Bruguera con el ‘Club del Misterio’ o Fórum con ‘Círculo del Crimen’ como las más importantes.

No se puede olvidar a Manuel Vázquez Montalbán con su detective Pepe Carvalho. Eduardo Mendoza escribió La verdad del caso Salvolta, llevada al cine. Alfonso Grosso presentó en 1978 Los invitados; Isaac Montero, Arte Real; Santiago Loren, Mi adorado vecino; Inès Palou nos dio Carne apaleada y se suicidó. Arturo Pérez Reverte ha escrito novelas policíacas bien escritas como El maestro de esgrima, La tabla de Flandes o El club Dumas. En lengua catalana destacaron Jordi Viader, Miquel Porter i Moix,  Joaquim Carbó, Xavier Borràs o Néstor Luján ( que juntó en Mayerling, una nit,en 1990, a Sherlock Holmes con Hércules Poirot, de Agatha Christie). Es muy reciente El diablo en Santorini de María Rosa Torrent, como muesta de unión calidad literaria-intriga-crimen.

La novela negra ofrece una amplia selección de autores y temas; la calidad de los escritos también se ha ido superando y ‘engancha’ a un numeroso público.

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