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Vivir de no hacer nada

Shoji Morimoto «no hace nada», pero hace tanto… Ofrece su tiempo, que ya se sabe que es oro

ÁLEX SALDAÑA

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No deja de ser paradójico que haya sido un japonés, con esa fama que tiene el país nipón de eficiencia y productividad, el que haya hecho realidad el sueño de miles de personas: se llama Shoji Morimoto y ha logrado que le contraten para no hacer nada. «Me ofrezco en alquiler. Soy una persona que no hace nada. ¿Le cuesta entrar solo a una tienda? ¿Necesita alguien para contemplar la belleza de las flores? Aparte de cosas fáciles, no hago nada más». Así se anunció en su cuenta de Twitter. Y hoy le llueven los contratos «para no hacer nada». Y vive de ello. Cobra 80 euros por solicitud y, paradójicamente, hoy le sobra el ‘trabajo’, es un personaje popular y no deja de recibir elogios y gratitud en las redes por sus ‘pasivos’ servicios.

Nacido en Tokio hace 37 años, con formación y buen historial académico –es graduado en física por la universidad de Osaka– y laboral –trabajaba en una editorial–, casado y padre de un hijo, Morimoto se dejó influenciar por los textos del filósofo alemán Friedrich Nietzsche y decidió dar un vuelco a su vida. Entre sus ‘jefes’ se hallan personas que le llamaron para pasear con ellos sin hablar, para acompañarles en una visita al hospital, para completar un equipo deportivo al que le faltaba un jugador reserva, para escuchar las anécdotas de un señor que se entretiene visitando hoteles de lujo, para sostener un globo para una foto de Instagram, para asistir a una boda… Incluso un cliente le contrató para que lo vigilara y velara por que estudiara sin distraerse… En el fondo, le llaman para aliviar la soledad, ese mal tan característico de los tiempos que vivimos. Así que Shoji Morimoto «no hace nada», pero hace tanto… Ofrece su tiempo, que ya se sabe que es oro.

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