Seamos sinceros, el año 2026 no ha empezado sigiloso. En menos de 6 días el orden mundial ha saltado por los aires, en un bar de Crans-Montana perecieron 40 jóvenes y un centenar más quedaron seriamente malheridos. Pero también ha nevado en cotas bajas en nuestra demarcación pintando de blanco la Conca de Barberà y las Muntanyes de Prades però también en Vallmoll, Valls, Vila-seca, Riudoms, Reus y algo en Tarragona. La llegada de la nieve nos devuelve la sonrisa y la magia. Y si hay un día mágico, este es el Día de Reyes. No importa la edad. La magia de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente es capaz de llegar a cualquier rincón. ¿Qué le pedimos a los Reyes Magos? Los periodistas de bien —los que contrastamos noticias, los que buscamos la información y no nos conformamos con el ruido— seguimos creyendo que el periodismo es un servicio público. Somos quienes nos esforzamos por encontrar la verdad, o al menos las verdades, en un mundo cada vez más saturado de versiones interesadas y titulares apresurados. Somos quienes damos voz a los más vulnerables, quienes denunciamos los abusos de poder y quienes incomodamos cuando es necesario, aunque eso tenga un precio. No trabajamos para agradar, sino para informar. No escribimos para ganar aplausos fáciles, sino para cumplir con nuestra responsabilidad social. ¿Y qué le pedimos a los Reyes Magos? Les pedimos algo tan básico —y a la vez tan difícil— como poder trabajar. Poder ejercer nuestra profesión sin que las redes sociales se ceben con nosotros a base de acusaciones, desinformación e insultos a los que no podemos, ni debemos, responder. Pedimos que el debate no se confunda con el linchamiento y que la crítica no derive en odio. Pedimos recuperar la credibilidad que una supuesta ‘veracidad’ de las redes sociales ha intentado arrebatarnos. Porque no todo lo que se viraliza es cierto, ni todo lo que se comparte es información. El periodismo no es inmediato por capricho, es riguroso por necesidad. A los Reyes Magos les pedimos tiempo para contrastar, libertad para preguntar y respeto para informar. Porque sin periodismo no hay democracia, y sin periodistas de bien, la verdad queda a merced del ruido.