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    El peligro de que haya grandes fuegos

    11 febrero 2024 19:17 | Actualizado a 12 febrero 2024 14:00
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    Las atípicas y generosas lluvias registradas en junio del año pasado sumadas al adelanto a mayo de la puesta en marcha de los dispositivos antiincendios en la mayor parte del país contribuyeron decididamente a que el año pasado no se convirtiese en otro ejercicio récord de bosques calcinados como sucedió en 2022.

    De enero a diciembre pasados se quemaron en España poco más de 89.000 hectáreas de terreno forestal, lo que supone justo un tercio de todo el territorio arrasado por el fuego en los mismos doce meses del año anterior y una superficie un 11% por debajo de la media de arboledas calcinadas en el último decenio.

    Todas las administraciones, alarmadas por las 268.000 hectáreas de arbolado y monte bajo arrasadas por las llamas en 2022, interiorizaron por fin que el cambio climático ha extendido los megaincendios más allá del verano y activaron sus planes y brigadas contra el fuego ya en mayo, un mes y medio antes de lo habitual.

    De igual manera, y por esas mismas fechas, dictaron prohibiciones de quemas de rastrojos, de realización de hogueras y barbacoas al aire libre y del uso de maquinaria agrícola junto a áreas forestales que en ejercicios anteriores no llegaban hasta julio.

    El año pasado, todas las administraciones interiorizaron por fin que el cambio climático ha extendido los megaincendios

    De todos modos, no se pueden echar las campanas al vuelo por el año pasado porque, pese a su buena segunda mitad, no deja de ser el cuarto con más hectáreas de bosque arrasadas en España en la última década.

    Hay que tener en cuenta además que la primavera de 2024 llega con el mismo y negro perfil de la del año pasado.

    Las arboledas y el monte están en una situación de sequía extrema tras tres años de déficit hídrico, por lo que si se alcanza la primavera con un invierno de lluvias mínimas y con olas tempranas de calor volverán a repetirse superincendios en marzo, abril y mayo como si de julio y agosto se tratase.

    El calentamiento global ha hecho que la temporada de grandes fuegos forestales abarque ya de marzo a noviembre.

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