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Al partir, un beso y una flor

| Actualizado a 14 junio 2022 12:33
Ángel Pérez Giménez
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¡Hola vecinos! Para una vez que dos pueblos deciden unirse en uno, la primera cosa a oficializar no les cuadra y, de no ser por la Guardia Civil, al pilón que hubieran ido los alcaldes de la unión. Qué difícil, voluble y efímera es la unidad. Cuán fácil, enraizado y pertinaz resulta el separatismo. Escribo sobre las -sin duda hermosas- localidades llamadas respectivamente Don Benito y Villanueva de la Serena (Badajoz). Los cascos urbanos de ambos municipios apenas están distanciados cuatro kilómetros el uno del otro. En medio de esos cuatro kilómetros de la carretera autonómica EX-206, conocidos como ‘Avenida de las Vegas Altas’, se levanta el hospital comarcal Don Benito-Villanueva de la Serena.

El hospital ejerce de núcleo de fusión. Tarde o temprano, por una cosa o por otra, por un ay o un apechusque, dombenitenses y villanovenses se encuentran en el hospital común de la Avenida de las Vegas Altas, contando sus cuitas al probo personal sanitario que, siempre solícito, les atiende presto. Cuando estás pocho anhelas la unión con todo lo que se menea: con la familia, el municipio, el sindicato, la Organización Mundial de Salud, la Tierra, el Cosmos. Cuando no te duele nada, ése es el momento en que el cuerpo pide ir por libre, indepe perdido, incapaz de vislumbrar siquiera la necesidad de cercanía a los otros.

Una cosa es la unidad y otra muy distinta los recortes en burocracia, funcionariado y asesoramiento político. Eso no se recorta ni en caso de cataclismo supra galáctico

Junto al hospital Don Benito-Villanueva de la Serena se construirá la nueva Casa Consistorial de la ciudad resultante, que vendrá a ser la tercera mayor de Extremadura. Los actuales ayuntamientos quedarán como alcaldías de barrio, delegaciones, servicios periféricos o lo que sea. A ver: que una cosa es la unidad y otra muy distinta los recortes en burocracia, funcionariado y asesoramiento político. Eso no se recorta ni en caso de cataclismo supra galáctico. La ciudad resultante será una realidad formal en 2027. Y hay que ir adoptando las primeras decisiones de profundo calado histórico para el devenir de los tiempos.

¿Y cuáles son las primeras decisiones?: ¿qué sueldo poner a las nuevas autoridades y a sus asesores tanto resultantes como de barrio? No, hombre. Constituyen, por este orden, tres prioridades supremas: nombre, bandera y escudo. Y en el nombre ya se ha liado parda. Espera pues que lleguen los colores de la bandera y los elementos heráldicos del escudo. Habrá sangre, lo intuyo. Un ‘comité de expertos´ ha propuesto dos nombres unitarios: Concordia del Guadiana y/o Mestas del Guadiana. A elegir por votación popular. Pero no ha sido necesaria la votación popular. Simplemente el pueblo llano han dicho que vaya mierda de nombres. Los dos. Y que si aparece por allí el comité de expertos, al pilón que va también.

Don Benito de la Serena habría constituido una solución acorde al raciocinio más elemental. O Doña Serena del Benito. Pero cualquier referencia a los actuales nombres quedó descartada de antemano. Ahora han puesto a pensar a otro ‘comité de expertos’, se supone que más creativo que el anterior. Parece una tontuna lo del nombre, pero no lo es. Existen muchas localidades españolas marcadas por su nombre, ya sea para bien o para mal. Para bien: Sort. Es una suerte llamarse Suerte. Que se lo pregunten a ‘La Bruixa d’Or’. Para mal: Puerto Hurraco. Nombre predestinado a la tragedia. Se veía venir.

Qué difícil, voluble y efímera es la unidad. Cuán fácil, enraizado y pertinaz resulta el separatismo

Según qué nombres, pueden acomodarse de forma positiva a amables circunstancias y obtener beneficios en promoción e imagen. En Aragón tenemos uno: Alpartir. Tú dices ‘Alpartir’ y es como si nada. Pero lo cantas a lo Nino Bravo: ‘Al partir, un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós, es ligero equipaje para tan largo viaje’ y entran unas ganas insuperables de ir a Alpartir, a buscar el beso, la flor, el te quiero, la caricia y el adiós, hasta luego Maricarmen, chao pescao, que volveré, lo juro. El municipio zaragozano lleva tiempo usando el lema: «Alpartir, un beso y una flor». Un letrero bien majo recibe así al visitante.

Tarragona, el Priorat, presume legítimamente de Porrera. El gentilicio es porrerans, nada que ver con lo que los de fuera estaríamos ya pensando. En cambio veo inquietante Ultramort, en Girona. Y, sumamente sugerente para los maños, o sea pumas o putos maños: Madremanya, también en Girona.

En la provincia de Huesca hay un pueblín que se llama Triste y, para compensar, otro de nombre Guasa. En León se encuentra Villalibre de la Jurisdicción, que paréceme a mí preciosísimo en grado sumo.

El fiasco de Concordia del Guadiana y/o Mestas del Guadiana dibuja una metáfora acerca de la fina sensibilidad que envuelve el alma de los pueblos, si bien hay que reconocer que ambas propuestas muestran escaso gancho mediático. Y hoy, sin una marca con personalidad, estás perdido. Villaunida de la Integración quedaría bien. Pero no quisiera acabar en el pilón.

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