La mesa de Putin como símbolo

| Actualizado a 28 febrero 2022 09:38
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Hace dos semanas la imagen del presidente ruso y su homólogo francés, Emmanuel Macron, separados por una imponente mesa blanca, de más de cuatro metros de largo y fabricada en Alcàsser dio la vuelta al mundo. No era la primera vez que Putin la utilizaba.

Días antes cuando se reunió con su homólogo húngaro, Viktor Orbán, allí estaba la supermesa pero no llamó tanto la atención. También la usó a mediados de enero para sentarse con el presidente iraní, Ebrahim Raisi.

No fue así, con Angela Merkel en diciembre con quien el decorado fue estándar y hubo ramo de flores.

En el caso de Macron desde el Kremlin se adujo que la razón de tamaño mobiliario era la necesidad de mantener una distancia de seguridad entre ambos líderes por la pandemia y que el presidente francés se había negado a someterse a una PCR a su llegada Moscú.

El entorno de éste afirmó que ya se había hecho una antes de viajar y un test de antígenos en Rusia y que no tenía tiempo de hacerse otra prueba.

Más allá de las explicaciones oficiales era difícil no contemplar la estampa como un símbolo del distanciamiento entre ambos mandatarios y, de paso, entre Rusia y Europa. Será difícil que la fotografía no pase a la historia como el preludio de lo que iba a venir después.

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