La nueva izquierda

| Actualizado a 05 septiembre 2020 11:03
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La denominada, eufemísticamente, nueva izquierda llegó de la mano de Barack Obama, en un vehículo al cual se subieron líderes mundiales, sin ningún tipo de complejo y, sin duda alguna, con grandes dotes de oportunismo. Se trataba de una izquierda, aparentemente cultivada, participativa, asamblearia, que se enfrentaba al poder visible y al invisible, porque en ambos se encontraba el origen de la miseria de los pueblos El referente principal era el filósofo, teórico marxista y sociólogo, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano y muerto como preso político del fascismo de Mussolini.

Pero como todo lo nuevo necesita hacer leña de lo viejo, la víctima del ascenso de Gramsci fue Karl Marx. Este hablaba en el sentido de que la historia no está motivada por el idealismo de los individuos, sino que la materia es lo que dirige el comportamiento humano y que las sociedades se han desarrollado en función de los modelos de producción, las fuerzas productivas y la forma de relación entre ellas. Quien controla los medios de producción controla la historia.

Indudablemente, los principios de Gramsci y Marx, hoy siguen vigentes. Destacar la hegemonía en la derecha española y la salida fulminante de Cayetana Álvarez de Toledo, como portavoz del Grupo Parlamentario del Partido Popular (PP); Cayetana no ha logrado generar una hegemonía, en mi opinión, porque esperaba que se generara por si sola en torno a ella. Así de simple y complicado a la vez. El materialismo histórico lo observamos en Unidas Podemos (UP), pues hoy Pablo Iglesias es el paradigma de esa tesis anunciada, de cara al público, en forma de desengaño. Iglesias con más fortuna que oportunismo, sin ir más lejos, acaba de enfrentarse con la ministra Celaá en el Consejo de Ministros, mostrando al público la habilidad de ese doble juego, cuando resulta que cuenta con un ministro de Universidades, del que aún no sabemos nada. Solo que los magníficos rectores están contra Manuel Castells: «Nos está dejando solos en la vuelta a clase». Algunos campus denuncian la falta de liderazgo del ministro y reclaman un nuevo protocolo para el próximo curso, ya que el último se hizo hace casi tres meses. Además, el ministro de Universidades nos convocó para tratar el Anteproyecto de Ley Universitaria, dejando la pandemia aparcada.

Es lamentable que de los veinte y pico ministerios, actualmente en liza, algunos titulares de los mismos acudan a sus respectivas poltronas de los Consejos de Ministros como simples oyentes, toda vez que revisando las referencias de los martes, ni siquiera figuran como tales en los listados de actuaciones.

Para Pablo Iglesias, posiblemente, lo que le vale es que, para hacer el cambio o revolución, hay que entrar donde está el poder. Con la larga coleta, hay que ganarse a las clases medias y a las más desfavorecidas y desgastadas, pero el vicepresidente parece que tenía demasiada prisa como para pararse a cumplir los requerimientos. Los enunciados de Gramsci y Marx, siguen completamente vigentes para la nueva izquierda.

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