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Doce personas pasan seis días en un portal para pedir una vivienda en Reus

La semana pasada intentaron ocupar uno de los pisos sin éxito 

MARC CÀMARA

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Ayer levantaron el campamento ante las amenazas que aseguran han recibido del propietario del bloque. FOTO: alba mariné

Ayer levantaron el campamento ante las amenazas que aseguran han recibido del propietario del bloque. FOTO: alba mariné

Una docena de personas se han apostado durante seis días y seis noches en el portal del número 1-I de la calle Pau Gargallo. Son familias humildes que viven en una casa ocupada en la calle Sant Magí, afectada el pasado mes de setiembre por un derrumbe interior. Aunque los servicios técnicos del Ayuntamiento certificaron que no había ningún riesgo, las familias aseguran que las condiciones del habitáculo no son dignas. 

Por todo ello, el pasado miércoles intentaron ocupar los pisos vacíos de la calle Pau Gargallo. Según cuentan ellos mismos, se encontraron con las puertas abiertas de las viviendas, y llegaron a ocupar algunas. Los Mossos d’Esquadra, cuando se dio la voz de alerta, los echaron. 

Desde entonces han vivido en la calle, como señal de protesta ante lo que consideran una injusticia. Ester Serrano, activista de la Plataforma d’Afectats per l’Habitatge Públic i Social (PAVPS) asegura que «sólo pedimos un alquiler digno». Dice que «vivimos desesperados» y que no quiere «que nadie nos regale nada». 

Serrano considera que el Ayuntamiento de Reus no está haciendo nada para hacer frente a «la gran problemática de la vivienda» que hay en la ciudad. Dice que «muchos de los ciudadanos de Reus tenemos trabajos con sueldos humildes» y que ello no les permite «pagar el alquiler que se pide en la ciudad». 

Insiste que «el Ayuntamiento no ha hecho nada ni han movido nada del plan habitacional. Y eso que han cobrado medio millón de euros de las multas a la banca». Y añade que «cuando los bancos empiecen a echar a la gente a la calle todo esto explotará». 

Para Serrano, en la ciudad no se aplica el 10% de viviendas públicas que viene marcada por la ley. En los pisos de nueva construcción que se están edificando en la ciudad sí que incluyen un porcentaje que irá destinado al alquiler social. 
Fin de la protesta 

Los manifestantes han estado haciendo turnos «para soportar las duras temperaturas». Todos ellos han habilitado un pequeño recoveco del portal para pasar las horas. Embutidos bajo media docena de mantas, se han alimentado a base de lo que han podido. 

En el suelo, los restos de mandarinas y vasos de café evidencian las condiciones en las que han pasado la última semana. Admiten que ha sido «muy duro».

La Guàrdia Urbana ha mantenido una patrulla justo ante el edificio. Fuentes municipales aseguran que los manifestantes no se les han dirigido pidiendo ayuda, por lo que se ha considerado la acción como una protesta. Aun así, y ante la posibilidad de que intentasen ocupar de nuevo alguno de los pisos, los agentes se han apostado a las puertas del edificio. «Tenemos miedo de que se vaya la Guàrdia Urbana porque hemos recibido amenazas del propietario», decía ayer Ester Serrano. 

Pocas horas después, los manifestantes levantaban el campamento. Serrano aseguraba que «nos hemos quedado sólo las mujeres, y algunas tenemos hijos y trabajo con el que alimentarlos. No podemos seguir más aquí». 
Ayer mismo fueron atendidos por los servicios sociales. 

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