Reus Munta i Baixa

El curso del NPI

La gestión de la incertidumbre. La ciudad inicia un año académico y político determinado por la evolución del virus y de la economía real

JOSEP CRUSET

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El Ayuntamiento cerró temporalmente los parques públicos ante el elevado riesgo de rebrote y el pasado martes los volvió a abrir. FOTO: CEDIDA

El Ayuntamiento cerró temporalmente los parques públicos ante el elevado riesgo de rebrote y el pasado martes los volvió a abrir. FOTO: CEDIDA

L as largas vacaciones del 20 van a dar paso, en apenas unos días, a la vuelta a clase más imprevisible que se recuerda. Hasta que la generalización de una vacuna no lo remedie, va a ser el curso del NPI, siglas que algunos traducen por Ni Puñetera Idea, pero que la mayoría asociamos a otra versión con un adjetivo más contundente y malsonante.

El NPI puede aplicarse hoy a la mayoría de cuestiones que preocupan a la comunidad educativa ante la puesta en marcha de un curso escolar en un contexto de pandemia. Y esto es así porque la evolución del Covid-19 no está controlada, con lo cual las medidas a aplicar están en función de factores impredecibles, muchos de los cuales van mucho mas allá del ámbito académico. Si a ello añadimos que la previsión, la anticipación y la capacidad de reacción no han sido las aptitudes en las que más han destacado nuestros gobernantes –entre ellos los responsables de la sanidad y de la enseñanza– en la compleja tarea de combatir el virus, los temores están justificados.

Por si esto fuera poco, el paso del tiempo ha demostrado que una parte indeterminada de la ciudadanía ha bajado la guardia en cuanto a las medidas de prevención, a la vez que siguen registrándose comportamientos insensatos. Así las cosas, el inicio del curso escolar concita todas las inquietudes y es un ejemplo paradigmático de la dificultad afrontar una emergencia sanitaria sin bloquear el funcionamiento de los servicios y las actividades económicas que sostienen la sociedad.

En un escenario tan incierto, cotiza al alza la capacidad de orientarse e idear correctamente a la hora de tomar decisiones estratégicas en circunstancias cambiantes. El problema es que quizá la gestión de la incertidumbre no ha formado parte del currículum formativo de todos nuestros políticos. Hoy es una materia muy valiosa para los responsables del sistema sanitario, educativo y de cualquier administración pública.

Pendientes de la curva

Respecto a Reus, lo último que sabemos es que Salut ha prorrogado durante otros 15 días las medidas restrictivas de actividades, aforo y horarios para contener los focos de Covid-19, ya que el riesgo de rebrote continúa siendo alto, pese a que la curva ha descendido desde sus cotas máximas. Afortunadamente, se ha intensificado y mejorado la comunicación de la situación a la ciudadanía, que no puede limitarse a la actualización y publicación de los datos epidemiológicos, como sucedió cuando saltaron las alarmas sobre el repunte de casos en la ciudad. En su comparecencia del viernes, el alcalde Pellicer y el concejal de Salut, Òscar Subirats, insistieron en la necesidad de mantener las medidas de prevención y los esfuerzos para contener el riesgo de rebrote.

El Ayuntamiento también afronta el inicio de un curso político marcado por el NPI de lo que nos puede deparar el futuro inmediato. Lo que si sabe el consistorio, como propietario de los centros escolares y responsable de su mantenimiento, es que también tendrá que lidiar con la incidencia del coronavirus en el ámbito educativo y sus daños colaterales.

El impacto de la emergencia sanitaria y social en los capítulos de gasto y el de la recesión económica sobre los ingresos condicionarán la elaboración del presupuesto para 2021, aunque para incógnitas, las que planean sobre la programación de actividades: ¿Qué pasará con las fiestas de Misericòrdia, con la programación de los teatros, con el Carnaval? ¿Cuándo reabrirán las instalaciones deportivas? Y por si faltaba alguna incerteza, habrá que ver los efectos de la ruptura entre JxCat y el PDeCAT en la política nacional y local. Lo dicho, NPI.

Posconvergentes: El papel político de Pellicer cobra mayor relevancia ante la purga sufrida por el PDeCAT en el Govern

El primer balance de la ruptura entre el PDeCAT y Junts per Catalunya en el Baix Camp se salda con seis alcaldes que se han sumado al proyecto de Carles Puigdemont y tres que mantienen su militancia en el Partit Demòcrata. Asimismo, los políticos posconvergentes de la comarca con cargos institucionales más destacados también se han unido  a la formación del expresidente de la Generalitat en el exilio, como el presidente del Port de Tarragona, Josep Maria Cruset,  o el director de la Agència de Residus de Catalunya, Josep Maria Tost.

Cuantitativamente, el saldo es claramente favorable a los intereses de JxCat, porque a los alcaldes de Riudoms, L’Aleixar, Prades, Maspujols, l’Argentera y Les Borges del Camp –su alcalde, Joaquim Calatayud, es también presidente del Consell Comarcal del Baix Camp–, hay que sumar los cabezas de lista de once  municipios. Por su parte, el  PDeCAT conserva Reus, Pratdip y  Alforja –cuyo alcalde, Joan Josep Garcia, preside la vegueria del partido en el Camp de Tarragona–.

Pero a nadie se le escapa que Reus era la joya de la corona, ya que su importancia va más allá de su peso específico en el territorio. La decisión de Carles Pellicer estaba cantada, porque el alcalde de Reus siempre ha dejado claro que se sentía heredero de la antigua Convergència y su sitio no iba a estar en otros movimientos independentistas donde se congregan personas de ideologías políticas alejadas de la suya.

El caso es que Reus es la mayor ciudad de Catalunya que gobierna la coalición electoral entre el PDeCAT y Junts per Catalunya y, por tanto, Pellicer va a ver reforzada su relevancia por ser el principal baluarte municipal del partido que dirige David Bonvehí.

Habida cuenta de la purga sufrida por la única consellera del PDeCAT en el Govern de Catalunya, veremos como evolucionan las relaciones de Pellicer con la Generalitat y su presidente, así como con las concejales Montserrat Vilella y Teresa Pallarès, números 2 y 3 de su lista electoral, que también se han ido con Puigdemont, como igualmente se daba por descontado.

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