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Reus Salud

Héroes entre las incubadoras del Hospital Sant Joan de Reus

Las enfermeras de la UCI de neonatos del hospital reusense demuestran a diario que todo es posible

Joan Morales

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Ángela y Nerea, enfermera y auxiliar de la UCI de neonatos del Hospital Sant, en pleno trabajo. Foto: Alba Mariné

Ángela y Nerea, enfermera y auxiliar de la UCI de neonatos del Hospital Sant, en pleno trabajo. Foto: Alba Mariné

Ángela, Cori, Noelia, Vanesa, Adriana, Gisela, Alba, Rosa Mari, Miriam, Victória, Montse, Amparo, Nerea, Sandra, Marina, Carmen, Laura,Júlia,  Ana... Son algunos de los nombres propios de los profesionales de la UCI de neonatos del Hospital Sant Joan de Reus, protagonistas de esta particular historia de amor que empezó la tarde del pasado 7 de agosto en la sala de partos y que finalizó el 4 de septiembre en el área de neonatos del mismo centro. 

Esperábamos la llegada de Marta y Bruno a este mundo para mediados de septiembre, pero los mellizos tenían ganas de respirar vida y su nacimiento se adelantó más de la cuenta, convirtiéndolos en dos bebés prematuros. Cuando conoces la noticia de que vas a ser padre, los sentimientos de alegría y euforia brotan de repente, pero poco se puede hacer para evitar que estos vengan acompañados por un cierto grado de preocupación, una inquietud que en esta ocasión se vio aumentada por el hecho de saber que eran dos los bebés que venían de camino.

Desde el momento que sabes que vas a ser padre tienes que estar preparado para sufrir y, aunque uno cuenta con ello, a veces toca vivir nuevas experiencias, duras hasta cierto punto, que te dan muchas lecciones, especialmente de vida. La mía empieza aquella tarde del 7 de agosto cuando, después de un parto sin complicaciones, Marta y Bruno son ingresados directamente en la UCI de neonatos del Sant Joan. Han nacido sólo con 34 semanas y su paso por esta unidad es obligatorio.

Con la adrenalina todavía corriendo por tus venas, por haber asistido en directo al nacimiento de tus hijos, te adentras en un universo nuevo, en un mundo desconocido donde seres humanos de poco más de un kilo de peso luchan por sobrevivir. Preocupación, miedo, incertidumbre, angustia... Nadie está preparado para ver a su hijo dentro de una incubadora, enchufado a varios monitores, con una mascarilla para ayudarle a respirar y una sonda en la nariz por donde es alimentado.

Es duro, no lo voy a negar. Pero es -en medio de este bosque de obstáculos y trampas que a veces nos pone la vida- cuando te encuentras con un grupo de profesionales que te llevan de la mano y, con una sonrisa, te demuestran día a día que los milagros -a veces- son posibles. Ver trabajar al personal de la UCI de neonatos del Hospital Sant Joan de Reus es un privilegio. Esther Videgain, jefa del  área  maternoinfantil, lo tiene claro: «Para ser enfermera de neonatos no sirve todo el mundo. Hay que tener un algo especial». Pues sí. Un algo especial es empatizar en todo momento con unos padres angustiados por ver a sus hijos luchando por salir adelante, regalar millones de dosis de tranquilidad y de miradas de confianza, ayudar a esos padres a ser pacientes, a confiar en que todo saldrá bien... En definitiva, a llevar lo mejor posible su estancia en un mundo hostil para el que nadie está preparado.

Allí dentro, las horas se alargan como chicles y los días se eternizan. Sentado, con tu hijo en brazos, te conviertes en un espectador de lujo del trabajo impagable que desarrollan enfermeras y pediatras, hasta el punto de que -aunque todo se tuerza en un momento- ellos están ahí para recordarte que todo es posible y que desde el minuto uno hemos llegado a esta vida a luchar por quedarnos.

Los días pasaron -hasta un total de 28- y la mejoría de nuestros hijos fue una realidad. La incubadora y la zona de críticos pasó a la historia y nos ‘mudamos’ a un box más confortable desde donde cada vez veíamos más cerca nuestra vuelta a casa. Ese día llegó el 4 de septiembre. Inmensamente feliz porque todo había salido bien, me giré y miré por última vez el pasillo que conducía a un mundo donde todo sería mucho más difícil de lo que es si ellas -sus enfermeras y auxiliares- no estuviesen. Pasarán días, semanas, años... pero nunca olvidaré lo que estos héroes que trabajan entre incubadoras hicieron por nosotros. Por cierto, os debemos una foto de Marta y Bruno para que la colguéis en el tablón donde se agolpan imágenes de bebés a los que habéis ayudado a empezar a vivir. Gracias.

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