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Las tiendas de cigarrillos electrónicos, en extinción tras el 'boom' de 2013

En Reus, donde llegaron a haber una quincena repartidas por el centro, son muy pocas las que aguantan la crisis
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Imagen de la tienda FumAroma, en el Raval de Jesús, de las pocas que quedan en Reus, está a punto de cerrar. Foto: Alba Mariné

Imagen de la tienda FumAroma, en el Raval de Jesús, de las pocas que quedan en Reus, está a punto de cerrar. Foto: Alba Mariné

Hace un par de años crecieron como setas en prácticamente todas las ciudades del Estado y, hoy en día, o han desaparecido o están a punto de hacerlo. Las tiendas de cigarrillos electrónicos se convirtieron en un auténtico fenómeno comercial a principios de 2013 y Reus no fue una excepción. En la capital del Baix Camp se llegaron a contabilizar una quincena de estos negocios, la mayoría ubicados en el centro de la ciudad. Hoy ya no queda casi ninguno y los pocos que aún sobreviven, cuentan con el cartel de ‘se traspasa’ en su escaparate.

Es el caso de la franquicia FumAroma, en el Raval de Jesús. Su propietario, Emanuele Stivala, analiza para el Diari las causas que han llevado al fracaso a este negocio que parecía que se iba a comer el mundo. «Nos ha hecho mucho daño la falta de una normativa del Estado para evitar la entrada de otros mercados, sobre todo el chino. Aunque yo trabaja bien, y tenga todo en regla y venda calidad, nunca podré competir con un chino. Mientras yo vendo un cigarrillo electrónico a 40 o 50 euros, ellos lo hacen a la mitad. O el líquido de recarga del cigarrillo que, mientras yo lo vendo a seis euros, los chinos lo ofrecen a 2,50. Eso sí, el mío tiene una calidad certificada por la Unión Europea, mientras que el chino lleva sustancias sintéticas que pueden perjudicar seriamente la salud».

En este sentido, Stivala echa de menos políticas aplicadas en otros países, como por ejemplo Italia. «Allí ha habido un juez muy estricto que ha realizado muchos controles sobre la calidad del producto que se vendía. Sí que es verdad que en este país también han cerrado algunos negocios, pero no como aquí», explica el propietario de la tienda FumAroma del Raval de Jesús, quien añade que «es normal que el segundo año puedan llegar a cerrar, por ejemplo, un 25% de las tiendas, pero no como ha pasado aquí, que han sido casi todas».

En el caso de Reus, Emanuele Stivala asegura que «éramos cerca de 15 y ahora quedó yo solo. Y a nivel de toda España ya no queda casi ninguna de las más de 200 que existían».

Además de la competencia de mercados de inferior calidad, como el chino, al sector también le ha perjudicado la sobreoferta que existió desde el primer día que aparecieron en España los primeros cigarrillos electrónicos. «Floristerías, tiendas de complementos, centros de tatuaje, mercados, etc. En cualquier lugar te vendían cigarrillos electrónicos», asegura Stivala, quien también puntualiza que «en la mayoría de estos sitios ni explicaban el producto -pues sus vendedores no tenían formación- ni daban manual de uso, ni nada. En definitiva, una desinformación total hacia el cliente».

 

Vacío legal

Aunque en un principio pudo existir un vacío legal sobre el producto, ya que «el gobierno no sabía dónde ponerlo, si como producto de farmacia, tabaco, alimentación...», al final se incluyó en la familia del tabaco, incluso los propios estancos lo pueden vender. Además, el gobierno central reguló su uso para evitar que se pudiese ‘vapear’ en algunos lugares públicos como hospitales, etc. En este sentido, Stivala asegura que «es lógico que no dejen ‘vapear’ en estos espacios, por lo que no nos hemos sentido perseguidos por el gobierno».

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