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Los repartidores a domicilio se niegan a acercarse al barrio de Reus Sant Josep Obrer por inseguridad

Los vecinos denuncian que la situación se arrastra desde hace un par de años tras algunos robos. En el caso de las bombonas de butano, las dejan en el local social

Isabel Limón/Montse Plana

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Vecinos del barrio de Reus Sant Josep Obrer entrando en el local social con bombonas de butano. FOTO: Alfredo Gonzélz

Vecinos del barrio de Reus Sant Josep Obrer entrando en el local social con bombonas de butano. FOTO: Alfredo Gonzélz

«Ningún repartidor a domicilio se atreve e venir a Sant Josep Obrer por miedo». Así de claro se muestra Eduardo Navas, el presidente de la asociación vecinal de este barrio de Reus, ubicado entre la avenida de Tarragona y Bellissens. Hace años que esto sucede y la situación se está volviendo insostenible. Más aún si se tiene en cuenta que un porcentaje importante de  vecinos de Sant Josep Obrer son de edad avanzada. Ni los repartidores de bombonas de butano quieren pasar casa por casa, «y la mayoría de vecinos tienen butano», lo que es una problemática grave. Aun así, en este caso, la asociación vecinal encontró una solución conjuntamente con la empresa distribuidora, «y, al menos, ahora dejan las bombonas en el local social del barrio (cerca de la escuela Rosa Sensat)», señala Eduardo Navas. 

El repartidor pasa dos días a la semana, los martes y los jueves, y es entonces que los vecinos se dirigen al local y recogen la demanda. Las bombonas son de 12 kilos, por lo que, de todas formas, la tarea de hacerla llegar a casa no es nada fácil. Y es que mucha gente mayor no tiene coche ni fuerza suficiente para cargar una bombona de estas características. «Hay quien pide a algún vecino que le traiga la suya», señala Navas.

Fuentes de la empresa repartidora en cuestión han confirmado que, efectivamente, no hacen el reparto a domicilio de las bombonas. No obstante, no han querido especificar los motivos, aunque los vecinos lo tienen claro: «Tienen miedo a los robos». Según el presidente de la Associació de Veïns Primer de Maig, en el barrio se han producido muchos atracos, «y los repartidores han cogido miedo y no quieren ni acercarse». Navas dice que esto sucede desde hace un par o tres de años. «Hemos ido hablando con las distintas empresas y, poco a poco, la situación va mejorando, pero cuesta mucho cambiar la imagen. A nadie le gusta el incivismo y los vecinos son los primeros que están molestos.

Ni supermercados ni pizzerías

El butano es únicamente uno de los ejemplos. En realidad, ninguna empresa repartidora a domicilio quiere acercarse al barrio: ni supermercados ni pizzas, «a excepción de Carrefour, que después de algunas conversaciones hemos conseguido que venga al barrio», señala Eduardo Navas. José Cabeza, otro vecino de Sant Josep Obrer, señala que si más supermercados ofreciesen el servicio «facilitaría mucho las cosas a las personas mayores». 

Además, Cabeza se muestra preocupado por el cierre inminente del Aldi del polígono La Roureda, en la calle Nicaragua. El supermercado cambia de ubicación y abrirá en el número 171 de la avenida de Salou. «El Aldi de la Roureda es el súper más cercano que tenemos. Con su cierre, las cosas se complican», se queja José Cabeza, que señala que aquellos vecinos que no tienen coche se verán obligados a coger el autobús para ir a comprar.

Falta de servicios

En el barrio viven 5.400 personas y únicamente hay una carnicería, una panadería, una frutería y un pequeño supermercado Covirán. «Han ido quitando establecimientos», señala Eduardo Navas, por lo que hace aún más necesario para los vecinos que lleguen los repartos a domicilio.
Incluso, a principios de año, cerró la sucursal de CaixaBank que había en la avenida Mas de l’Abelló, la única sede bancaria del barrio. Los vecinos también recuerda que bajó la persiana un Schlecker. Además, en 2013 cerró el consultorio médico. Los pacientes fueron derivados al CAP d’Horts de Miró, a aproximadamente un kilómetro del barrio.

El presidente de la Associació Primer de Maig señala, además, que «hay 104 cuadros de luces ilegales que provocan que algunos bloques de pisos acaben ardiendo, y esto aumenta la inseguridad». «El Ayuntamiento no hace nada por resolver este problema, y aquí falta educación cívica», añade, por lo que la negativa de los repartidores a domicilio a acercarse al barrio es una cuestión más que se suma a una larga lista de problemas que arrastran los vecinos de Sant Josep Obrer.

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