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Más de 50 restaurantes y bares de Reus se han visto abocados al cierre por la pandemia

La ciudad se queda con cerca de 630 establecimientos, la cifra más baja de la última década. La AEHR calcula que los que siguen tardarán tres años en recuperarse del esfuerzo

MÓNICA PÉREZ

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Las terrazas de algunos de los negocios de bar de la plaza del Mercadal, ayer al mediodía. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Las terrazas de algunos de los negocios de bar de la plaza del Mercadal, ayer al mediodía. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Al menos medio centenar de bares y restaurantes han desaparecido en Reus en el primer año de Covid-19. Los últimos datos hechos públicos por el Ayuntamiento en el Portal d’Ocupació reflejan la pérdida de 51 establecimientos entre principios de 2020 y de 2021. A la cifra habría que sumarle, también, los movimientos del primer semestre de este año y los que se hayan producido sin notificación. Según la estadística, la ciudad cuenta ahora con 631 negocios de este tipo. La cantidad es la más baja del histórico, que empieza el recuento una década atrás, en 2011.

El presidente de la Associació d’Empresaris d’Hostaleria de Reus (AEHR), Xavier Salvat, lamenta que la pandemia «nos ha dejado una mochila con una carga muy grande» y vaticina que «tendremos que trabajar mínimo tres años para poder deshacernos de ella».

Aunque ahora «estamos algo mejor, ya que hay algo de movimiento», en este tiempo «para poder salvar los negocios, se han tenido que pedir créditos» y «hemos recibido muy pocas ayudas». Además, tal como indica Salvat, «las ayudas también son un poco engañosas porque, por ejemplo, las de autónomos te las restan en el momento de la declaración de la renta». «Que nos den 2.000 euros y al año siguiente tengamos que pagar 2.500… No sé», denuncia el presidente de la AEHR, que expresa que, en cualquier caso, las medidas que se han llegado a poner en marcha «no son como nos las esperábamos: directas, ha habido muy pocas y, en general, todo ha quedado en aplazar pagos a los que hemos tenido que hacer frente igualmente pero un tiempo más tarde, y así no se puede». Por otra parte «si, por poner un ejemplo, en lugar de pagar 12 meses de terraza pago 2, pero luego la terraza la tengo a la mitad y el precio es como si estuviera al 100%, no se resuelve nada», añade.

Sobre el papel que ha desarrollado el Ayuntamiento en este aspecto, el presidente de la AEHR explica que «si queremos hacer alguna actividad, está predispuesto, pero lo que nos hace más falta son ayudas», y reitera que «cargamos con una mochila que vamos a llevar encima mucho tiempo». «También el apoyo de la Generalitat es muy necesario», destaca. Fuentes municipales recuerdan que el Pla de Reactivació incluyó una moratoria de seis meses, hasta a partir de septiembre, en los recibos de la basura comercial y de la de ocupación de la vía pública.

Salvat recupera la queja que ha acompañado a la hostelería desde la irrupción del virus: «Si nos hacen cerrar, tienen que darnos una solución». Y precisamente el abrir y cerrar agotó a S.S., propietario de un establecimiento reusense que en estos momentos se ofrece en traspaso. El restaurador indica que «estar un año y medio así afecta anímicamente, en mi caso, quizá más que en lo económico; no se debe tener que luchar tanto, uno intenta luchar y la pregunta es para qué». Aunque con la relajación de las restricciones «la gente ha respondido muy bien, los primeros días fueron una locura y en esto Reus ha sido un mundo aparte porque las cosas se han recuperado mucho mejor que en Tarragona», todavía «la incerteza no se va».

Comida para llevar

S. S., que prefiere no aportar su nombre completo, optó en un primer momento por adaptarse al sistema de comida para llevar pero se topó con que «cuando se trata de platos elaborados como es mi caso, cuando no es algo más sencillo como tal vez las pizzas, esto no es rentable teniendo en cuenta la comisión del reparto». «El margen que queda no es suficiente para cubir este aspecto», precisa. El empresario expresa que «uno no puede contratar personal, no puede planificar nada porque no sabe qué va a pasar al día siguiente y esto repercute en que no todo salga como le gustaría». Y constata que los profesionales del sector «nos hemos visto ocupándonos de tareas que no son propias del trabajo y tampoco son agradables, como hacer de policía si un cliente no quiere ponerse la mascarillas». «En conjunto, todo desgasta anínicamente», reitera.

El sector atraviesa un verano "algo mejor" que representa "un poco de aire fresco"

Sobre el traspaso del restaurante que regenta, indica que «la cosa se mueve y he recibido el interés de algunas personas» pero destaca la importancia de priorizar que en operaciones de este tipo nadie salga perjudicado. «A mis trabajadores hay que mantenerles las condiciones buenas que tienen, según convenio, no precarizar», apunta, y confirma que la crisis ha hecho aflorar algunos inversores interesados en adquirir con condiciones excesivamente ventajosas negocios de quienes ya no pueden seguir.

Estrenarse ahora

Las 51 bajas en actividades de bar y restaurante que el Ayuntamiento refleja «seguramente son más», explica el presidente de la AEHR, que alerta de que «también hay muchos que se aguantan por los pelos, y pienso que somos la mayoría; aguantamos porque ha habido una reactivación y nos trae un poco de aire fresco». Otros han optado por cambiar de local para rebajar el gasto. El verano «está yendo bien, mejor que el anterior, y parece que hay respuesta», valora Xavier Salvat, que indica que «llega un momento en que la gente pierde un poco el miedo, pero es como todo, depende de lo que diga la tele».

En el escenario que ha obligado a muchos a abandonar, otros inician su particular andadura. Justo este será el primer verano para Enric Carrilo al frente de la cafetería que acaba de abrir en la zona de la Fumera. «Vi que estaba la oportunidad, que era un bar que daba faena y decidí que podía dar el paso adelante», recuerda. Hace muy poco que ha cogido las riendas del local pero no le preocupa excesivamente cómo se comporta la Covid porque el negocio «es también panadería y, entonces, aunque hubiera otro confinamiento y los bares tuvieran que volver a pararse, esto me permitiría seguir en funcionamiento para el pan».

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