Más de Reus

Reus dice adiós a las Filles de Sant Josep y las Carmelites

Ante la falta de vocaciones, cierran sus casas y se reparten por España. Los Pares Paüls y las Filles de la Caritat ya se fueron en 2020

Mónica Pérez

Whatsapp
Las últimas hermanas de las Filles de Sant Josep se despidieron ayer. FOTO: Alba Mariné

Las últimas hermanas de las Filles de Sant Josep se despidieron ayer. FOTO: Alba Mariné

Con tan solo unos días de diferencia, Reus ha dicho adiós a dos comunidades religiosas históricas, muy arraigadas en su tejido social. Las Filles de Sant Josep se despidieron ayer durante la misa en la Parroquia de Sant Josep Obrer, tras 30 años de servicio que son «toda una vida que dejamos aquí y que nos llena de gratitud». Sus últimas cinco hermanas han sido destinadas a diferentes puntos de Catalunya y la casa cierra. Igual que ha ocurrido con ellas, la falta de vocaciones, que no permite el relevo generacional, ha propiciado la marcha de las Carmelites Missioneres Teresianes de la Comunitat de Sant Josep, que ponen punto final a casi siglo y medio de actividad en la ciudad. Las cuatro hermanas que permanecían en Reus ya se están mudando de la casa de la calle de la Font y seguirán su misión en Tarragona, Zaragoza, País Vasco y Ávila. La más joven tiene ya 80 años. 

En septiembre de 2020, también los Pares Paüls zanjaron una extensa estancia en la capital del Baix Camp con la reubicación del padre Josep M. Biosca, el último de ellos, a sus 91 años, y echaron el cerrojo a la iglesia de la calle Jovellanos. Pocas semanas más tarde, les siguió la Comunitat de Sant Joan de las Filles de la Caritat de Sant Vicenç de Paül, muchas de edad avanzada y delicadas de salud.

Desde la Parroquia de Sant Josep Obrer y la Associació de Veïns I de Maig se dirigieron ayer a las Filles de Sant Josep y lamentaron que «la falta de vocaciones os ha llevado a tomar esta decisión que con dolor aceptamos». Recordaron su trayectoria de tres décadas vinculada a Cáritas o a la Fundació Pont i Gol, les dieron las «gracias por vuestra entrega generosa» y destacaron que «durante 30 años habéis sido carisma y ahora vuestro carisma se queda aquí». La salida de Dori, Mercedes, Mendi, Teresita o Aurita ha coincidido en el tiempo con el traslado del sacerdote Estanis Figuerola, que ayer anunció que se está perfilando un acuerdo para que la casa que dejan atrás las hermanas pueda acoger a mujeres con hijos que tienen algún problema o que se encuentran en situación de necesidad.

En cuanto a las Carmelites Missioneres Teresianes de la Comunitat de Sant Josep Obrer, recientemente también participaron en una misa de acción de gracias en la Prioral de Sant Pere. Una de las hermanas, María Ángeles, explica que «un tiempo atrás esta fue una comunidad pujante, pero últimamente éramos una comunidad de mayores que necesitaban otro tipo de atención y por eso a algunas las han ido destinando a diferentes puntos y desde hace dos meses solo quedamos cuatro». «Siendo tan pocas, no tiene sentido que estemos aquí porque, además, no podemos realizar la actividad apostólica», añade, e indica que «todo es derivado de la falta de vocaciones». Sobre por qué se está dando esta tendencia, la hermana valora que «es muy difícil de responder, pero ahora, en general, en la sociedad hay olvido de Dios y, si uno no piensa en Dios, menos va a pensar en entregar toda su vida». 

Las Carmelites Missioneres Teresianes de la Comunitat de St. Josep, en la Prioral. FOTO: Cedida

Hasta 142 años de ‘misión’

«En Reus se han desarrollado muchas labores sociales hasta hace poco», apunta María Ángeles. Establecidas aquí desde hace 142 años, las Carmelites Missioneres Teresianes de la Comunitat de Sant Josep han estado «velando por la acogida de las hermanas de más edad y por la ayuda a los necesitados», y tenían presencia en la catequesis y colaboraban con Cáritas. «De momento, la casa se quedará cerrada», detalla la hermana, que reconoce que «cada vez que se cierra una casa es una pena porque se cierran las puertas a una actividad». Ahora, la comunidad se reparte entre Tarragona, Zaragoza, País Vasco y Ávila. «Estamos contentas por la misión cumplida y queremos seguir cumpliendo aún algunas misiones más porque la vocación no se jubila», concluye la hermana, que ya es octogenaria.  

Temas

Comentarios

Lea También