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Serveis Socials incrementó las atenciones en Reus hasta un 80% en 2020

La ayuda alimentaria fue una de las grandes prioridades, atendiendo a más de 6.800 personas

MONTSE PLANA

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Los cocineros del comedor social de Reus preparando la comida para los usuarios que no tienen la posibilidad ni de cocinar. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Los cocineros del comedor social de Reus preparando la comida para los usuarios que no tienen la posibilidad ni de cocinar. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

La pandemia de la Covid-19 está teniendo un gran impacto a nivel sanitario, pero a nadie se le escapa ya los efectos económicos y sociales, lo que ha provocado que muchos se hayan quedado sin los ingresos necesarios para poder subsistir. Es un efecto colateral que ya se notó pocos días después de iniciarse el confinamiento de hace un año y que ha quedado sostenido en el tiempo. Muestra de ello es el aumento en número de atenciones que hizo Serveis Socials del Ayuntamiento de Reus durante 2020 en comparación a 2019: durante el segundo trimestre del año el incremento fue de un 82%. En el tercer trimestre no fue tan elevado, pero el aumento fue igualmente importante: un 63%. Más concretamente, entre el 16 de marzo y el 22 de junio de 2020, Serveis Socials realizó un total de 42.147 atenciones, según se detalla en la memoria 2020 de la concejalía de Benestar Social del Ayuntamiento de Reus, a la que el Diari ha tenido acceso. Cabe destacar que sobre la atención social realizada por los equipos básicos de Serveis Socials, un 17% de las familias eran atendidas por primera vez.

«En una semana vimos que se tenía que actuar con rapidez. Las entidades estaban colapsadas; el Banc d’Aliments, por ejemplo, no daba abasto, y se elaboró un plan de choque para dar respuesta a las necesidades. Fue una labor muy ágil después de un trabajo previo sostenido en los últimos años con las entidades y una buena coordinación», detalla la concejala de Benestar Social del Ayuntamiento de Reus, Montserrat Vilella, quien recuerda que la emergencia social sigue: «Las familias han quedado muy empobrecidas, así que este 2021 será también muy complejo. De entrada, nos ponemos en el peor de los escenarios para poder reaccionar».

Como recuerda Vilella, cuando empezó la pandemia se decidió hacer un trabajo proactivo. De hecho, se establecieron tres líneas: creación de un sistema de acceso a la atención social a través de teléfono, correo electrónico o difusión por la redes, dado que había confinamiento domiciliario y las oficinas estaban cerradas; organización de un sistema proactivo y preventivo; y demanda de datos de la población mayor no atendida por Serveis Socials.

En este último punto, se realizaron llamadas entre la gente mayor para conocer la situación particular de cada persona y, a partir de aquí, valorar las necesidades y cómo prestar ayuda. A raíz de esta acción, destaca las más de sesenta fiambreras que se reparten a diario a domicilio desde el comedor social –gestionado por Cáritas Interparroquial– entre personas mayores para que puedan disponer de comida sin poner en riesgo su salud. Una cifra que antes de la Covid era de una quincena y que con la pandemia se superaron las sesenta, cifra que se ha mantenido en el tiempo.

De hecho, la ayuda alimentaria fue, sobre todo al principio, la gran prioridad. Según la memoria 2020, se atendieron en la red de distribución de alimentos a 2.236 familias y 6.831 personas, con derivaciones desde Serveis Socials, Cáritas y Creu Roja. Respecto a 2019, en número de personas atendidas representa un incremento del 65% (el año anterior fueron 2.236), mientras que el aumento fue del 48% en número de familias atendidas (en 2019, 1.377).

Como se comenta desde Cáritas, el perfil de personas atendidas en el comedor social ha ido variando, en función de los sectores más afectados por las restricciones en cada momento. «Lo que notamos ya desde un inicio fue un cambio de perfil de personas que requerían ayuda alimentaria y, por ejemplo, empezaron a venir personas que se sustentaban a través de la economía sumergida que, al estallar la pandemia, se quedaron sin ingresos ni posibilidad a acceder a ayudas», se explica desde Cáritas.

Desde la entidad se recuerda que el comedor es para las personas más vulnerables que no pueden cocinar. En este caso, desde hace un año que no se ofrece el servicio de comida presencial, sino que se entregan lotes y fiambreras a los usuarios. Por otro lado, también desde las parroquias se entrega comida, «y en este caso, en pleno confinamiento, en vez de ofrecer el servicio semanal habitual, se adaptó a uno mensual para que fuera más seguro», se detalla.

En total, el comedor social sirvió a lo largo de 2020 un total de 51.343 comidas, lo que representa un incremento del 76% respecto al año anterior.

Por otro lado, en los meses de confinamiento se actuó con urgencia a nivel habitacional, con alojamientos de urgencia. En esta línea, 98 personas sintecho fueron atendidas, de las cuales 24 manifestaron estar de paso, por lo que el seguimiento se centró en 74 casos, la gran mayoría (82%), hombres. La franja de edad mayoritaria es de entre 34 y 49 años, la mayoría autóctonos y un 50% cobran alguna prestación. En este caso, cabe recordar que los sintecho que fueron atendidos por este programa explicaron al Diari que reclamaban que se les facilitara un alojamiento en condiciones normales y no sólo por la pandemia, alegando que tener un techo es el primer paso y más importante para poder encontrar trabajo y rehacer su vida.

Se diversifican las necesidades

Tras los meses de máxima alerta con el confinamiento domiciliario, las necesidades se han ido diversificando. La demanda del comedor social ha descendido, pero los usuarios siguen siendo más numerosos que antes de la pandemia. También destaca la pobreza energética: «Aumentamos la dotación económica en un 22% en ayudas. Al final, las personas atendidas fueron un 9% más que el año anterior. Estábamos preparados por si era necesario y, aunque el incremento no haya sido lo esperado, esto no significa que las familias no estén endeudadas», recuerda la concejala de Benestar Social. Ahora, el reto es este 2021 que, lejos de la deseada normalidad, está siendo otro año difícil que sigue acumulando emergencia social.

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