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Un arzobispo de Alepo: «Más allá de reconstruir casas, queremos reconstruir corazones»

Combatir la guerra con la fe. El pasado 13 de diciembre, Antoine Chahda ofreció una conferencia en El Círcol en la que explicó cómo viven los cristianos en Siria y defendió el papel de la iglesia ante el conflicto

M.C.

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l arzobispo de Alepo en uno de los salones de El Círcol de Reus. FOTO: alba mariné

l arzobispo de Alepo en uno de los salones de El Círcol de Reus. FOTO: alba mariné

Tras cinco años de guerra, en diciembre de 2016 la ciudad de Alepo, Siria, fue liberada de los terroristas. Aunque queda una pequeña zona aún ocupada, el resto busca dignificar una vida castigada por los misiles, la muerte y la desolación. Monseñor Antoine Chahda es testimonio de dicho sufrimiento y asegura trabajar para reconstruir una sociedad destrozada.

¿Cuántos cristianos viven en Alepo?
No existen cifras exactas pero estaríamos hablando de entre un 3 y un 4% de la población. Antes del conflicto la cifra se situaba en el 10%.  

¿Culpa de la guerra?
Hay que tener en cuenta que hace 40 años éramos el 40% de la población de Alepo. Actualmente, en la ciudad, una de las que más ha sufrido durante la guerra, la situación de los cristianos ha mejorado mucho. En otras ciudades la guerra duró menos, pero en Alepo muchos cristianos decidieron huir por la persecución a la que eran sometidos. Huyeron a Libia, a Australia a Estados Unidos... los que se quedaron sufrieron. 

Hasta diciembre de 2016.
Entonces la ciudad fue liberada. No hubo más misiles ni más explosiones, y los cristianos de la ciudad empezaron a ver la luz. Y lo digo literalmente, porque el conflicto no dejó sin luz. Pero también sin agua, sin gas... Ahora la normalidad no es absoluta y completa pero la comunidad vuelve a tener vida. 

¿Cuál ha sido su trabajo durante estos años?
Nosotros aseguramos una vida digna. Los arzobispos brindamos ayuda a las familias que se encontraron en la quiebra, que perdieron a sus hijos, a sus casas... que perdieron su vida. Nosotros les aseguramos comida, medicamentos. Lo necesario para vivir. 

¿Qué presencia tiene la iglesia en Alepo?
Hay muchas iglesias. Tenemos seis arzobispos católicos, tres de ortodoxos, cuatro comunidades protestantes. Todos hemos trabajado para educar espiritualmente a nuestra gente. Nuestros cristianos católicos, ortodoxos y protestantes ven esperanza. Ven la luz de la culminación de la guerra para seguir con su vida. Todos los mártires que perdimos, nuestros soldados cristianos y musulmanes serán la semilla de una enseñanza al ofrecimiento de la vida por la iglesia y el evangelio. 

Ayudar a los que se quedaron. 
La guerra ha supuesto la pérdida de muchas vidas, pero también los que han sobrevivido son mártires. Su fe y su esperanza les permitieron quedarse en la ciudad. No han querido huir. No queremos que el cristianismo desaparezca de Oriente Medio. Aquí nació Cristo. Aquí nos queremos quedar. Y esperamos que pronto se libere la parte de Alepo que aún está ocupada. 

¿Cómo se recompone una sociedad castigada por la guerra?
Nuestro objetivo es reconstruir las casas de la ciudad. Pero sobretodo reconstruir los corazones de todos aquellos que han sufrido la guerra. Todos los que han vivido durante estos años en Alepo están enfermos por el terror y las explosiones. ¿Sabe qué provoca la explosión de un misil? Más allá de la destrucción física, atormenta a las víctimas. Cualquier cosa que pasa le da terror a uno. Para hacer desaparecer eso hay que darle a la gente una educación nueva. Debemos construir corazones. Sembrar en la ciudad la semilla del amor, de la moral, convencer a esa gente de que el mundo no es así. La vida no es eso. Construir corazones quiere decir construir una nueva generación que pueda vivir de forma tranquila. Después vendrá la reconstrucción de las casas porque la gente lo perdió todo. Pero la restauración de los corazones permitirá que la familia sea sana espiritualmente, corporalmente y socialmente. 

¿Y pueden convivir el odio de la guerra con el cristianismo?
Siempre digo que la guerra llevó una maldad sin fin a Alepo, pero también una gracia a la vez. Hubo destrucción pero gracias a que la fe de nuestra gente quedó sólida pudimos levantarnos de nuevo. La gente ofreció sus mártires pero nunca tuvo el pensamiento del odio el rencor o la venganza. No quieren, nuestros cristianos, matar ni perjudicar a nadie. Sabemos perdonar. Lo que ganamos en Alepo es la magnitud y la fuerza espiritual porque la gente se enfrentó a la guerra con optimismo y ánimo. 

¿Cómo ha sido su día a día durante la guerra?
He anotado y sigo anotando todo lo que ha sucedido desde el inicio de la guerra. Cuántas explosiones, cuántas muertes, qué se hizo, dónde se derrumbó un edificio. Ha sido puro terror y miedo. Fue terrible. Lo que viví yo, con todos los cristianos, espero que no lo vuelva a vivir nunca nadie más en todo el mundo. 

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