Unas 700 familias de Reus se benefician de la ayuda de Càritas Interparroquial

La necesidad dura más porque el mercado laboral no reabsorve como antes a los desempleados. Éstos se han disparado al llegar la Covid, que ha agravado muchos casos

C. VALLS

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Personas voluntarias reuniendo productos para repartir, la semana pasada en el centro de la ciudad. FOTO: ALBA MARINÉ

Personas voluntarias reuniendo productos para repartir, la semana pasada en el centro de la ciudad. FOTO: ALBA MARINÉ

Las problemáticas sociales y económicas de la ciudadanía se agravaron con la pandemia. El presidente de Càritas de Reus, Miquel Aragonès, explica que el perfil de necesitado ha evolucionado a raíz de su llegada. «Hay muchas personas inmigrantes en situaciones complicadas y otras que han perdido el trabajo», apunta. En la entidad, esta complejidad ha dado lugar a un cambio en el ritmo de las atenciones.

«Han pasado de ser puntuales a prolongarse en el tiempo. Las personas que ya estaban en situación precaria y que se han quedado sin trabajo, en muchos casos, no han sido reabsorbidas por el mercado laboral. Éste no opera de la misma manera que antes de llegar la Covid-19. Ahora necesitan apoyo mucho más tiempo, más ayudas de alimentos», informa, por su parte, la trabajadora social de Càritas de Reus, Jordina Sirolla.

Una de las acciones que desempeñan y que coordinan con las parroquias de la ciudad es el reparto de alimentos. «Ahora atendemos a unas 700 familias al mes; les repartimos productos para que los cocinen en casa. El número es elevado, nos preocupa y va variando», asegura. La pandemia, prosigue, ha agravado casos «con problemas de base», acota.

Son «muchas familias», comenta, y hay que «hacerles un seguimiento para contribuir a que sus situaciones mejoren», hace saber. «Hasta el momento, hemos trabajado para parar la urgencia», los diferentes programas de Càritas van «muy bien», algunos «aseguran la inserción a personas que, ya de por sí, ven limitada su entrada», prosigue Sirolla.

La exclusión social severa afecta, a día de hoy, a más de seis millones de personas en España –según los resultados de la encuesta de la Fundación FOESSA de este año–, un dato que rescata Aragonès y que encuentra «extremo»; «si lo extrapolamos a Catalunya, es igual de preocupante», dice.

En Càritas de Reus, como se apuntaba, reciben a gente inmigrante y familias cuya situación financiera se ha visto afectada al quedarse uno de sus miembros sin trabajo. «Las parroquias son un punto de acogida importante, relacionada con la atención social a los más desfavorecidos», aporta. Las Cáritas Parroquiales orientan esta acción caritativa y social. «El centro que tenemos en la calle de la Puríssima Concepció es otro punto al que acude mucha gente para ser atendida», comenta. Los diferentes trabajadores sociales van moviéndose por las parroquias y están en contacto continuo con éstas. «Analizamos caso por caso; y más allá de lo esencial, que es cubrir la alimentación, reforzamos la atención con aspectos formativos», indica.

Desde la parroquia de Sant Bernat Calvó, el capellán Joan Brulles, subraya la importancia de la función de las parroquias de barrio. «A través de la función social el mensaje evangélico se hace realidad», corrobora. En este sentido, la labor de los voluntarios es imprescindible.

«En la parroquia de Sant Bernat Calvó hay un grupo de 12 voluntarios, la mayoría jubilados, que ayudamos en todo lo que podemos, incluida la enseñanza del catalán –gracias a tres voluntarias– a gente que ha venido de fuera. Luego, como voluntarios de Càritas Interparroquial, repartimos alimentos cada 15 días a unas 150 familias de la zona que abarcamos –y los distribuimos en función del número de miembros de cada unidad familiar–, con productos del banco de alimentos de la Comunidad Europea y el de la Fundació Banc dels Aliments de les Comarques de Tarragona, con sede en Reus», detalla el coordinador de Càritas Interparroquial en la parroquia de Sant Bernat Calvó.

Por su parte y también alejado del casco antiguo, está el rector Evarist Gómez, al frente de la parroquia de Sant Josep Obrer i Mare de Déu del Roser. «Cada parroquia canaliza las ayudas más urgentes a través de los voluntarios, es una tarea combinada con las demás Càritas. Se trata de un proyecto de mejora y de acompañamiento. El fin es la dignificación humana», declara.

Preguntado sobre si observa diferencias entre los perfiles que se reciben en las parroquias del centro y las afueras, el rector sostiene que «la pluralidad está en todas partes, la actitud de aquel que necesita ha de ser la de aprender y la de dar y recibir», constata. Ahora bien, asegura que muchas problemáticas «no se solucionan en dos días; forman parte de un proceso, el objetivo es no eternizar la mendicidad», resuelve.

La formación

Aragonès recuerda que hay que pensar que, en muchos casos, los ayudados «son personas sin papeles en regla, que no cumplirían ciertos requisitos para optar a cursos de formación». Señala, por ejemplo, la «buena acogida» que ha tenido un curso de formación de Càritas en el que se aprende catalán. «Recientemente, hemos arrancado otro de agricultura ecológica para que fomentar la contratación en la producción agraria. Ofrecemos una parte práctica muy útil», completa. Hace poco, también, han retomado la actividad de apoyo pedagógico para niños y jóvenes, con una «amplia participación, pues pasan de los 70».

También reactivarán, en un futuro cercano, el curso especializado de apoyo sociosanitario. «Nuestro objetivo, en definitiva –tercia Sirolla– es ofrecer una ayuda integral. Al fin y al cabo, cuando realizamos una valoración a estas familias, hacemos entrevistas de carácter personal, para saber cuáles son sus circunstancias, les preguntamos por su situación y necesidades; por si podemos complementar la ayuda con programas que impulsamos en Càritas».

«Al inicio de la Covid, tuvimos un incremento de la demanda de ayudas y aún no nos hemos recuperado», resume Aragonès. Càritas, también realiza una labor esencial en el comedor social. Diariamente, sirven «entre 100 y 110 raciones de comida cocinada» a gente vulnerable, con una bolsa de personas estable, «de unas 300». Por otro lado, están las comidas que reparten a domicilio, «donde, mayoritariamente, hay personas mayores; y en total, unos 60 perfiles», explican Sirolla y Aragonès. En este último caso, expone ella, «la pandemia, nos ha hecho identificar a mucha más gente necesitada que está sola».

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