Un laboratorio a medida para pequeños científicos

En la antigua Laboral un aula permite a niños de hasta 6 años experimentar con principios científicos a la par que los maestros se forman en nuevas perspectivas

NORIÁN MUÑOZ

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En el laboratorio, los niños pueden moverse libremente. FOTO: Pere Ferré

En el laboratorio, los niños pueden moverse libremente. FOTO: Pere Ferré

¿Niños de parvulario aprendiendo sobre sistemas hidráulicos? La idea parece, a priori, complicada, a menos que uno lo vea con sus propios ojos. Es una de las cosas que sucede en el Lab 0-6 creado por la Universitat de Vic en Manresa y que temporalmente se encuentra instalado en el Campus Educatiu de Tarragona (antigua Laboral). Lo visitamos una mañana y constatamos que los niños, enfrascados en accionar una palanca aquí y cerrar una llave de paso allá, ni se percatan de la presencia de los adultos.

Unos pasos más adelante hay una niña alucinando con una especie de microscopio; otra juega con un aparato que simula el viento; otro mira un colmillo con una lupa...

Todas esta propuestas, que ahora ocupan una sala diáfana que da a un jardín, han sido desarrolladas por el equipo del Lab 0-6 (algunos son los proyectos de grado de futuros maestros) y están hasta el 22 de diciembre en la ciudad con un doble propósito: hacer que niños de 0 a 6 años experimenten con principios científicos a través del juego y que los docentes en formación descubran nuevas formas de trabajar conceptos científicos en la etapa de educación infantil.

La instalación temporal del laboratorio en Tarragona ha sido posible gracias a la colaboración de la propia UManresa, el Institut de Ciències de l’Educació (ICE) de la Universitat Rovira i Virgili, el Campus Educatiu de Tarragona y el Departament d’Educació. El año que viene viajará a Lleida y Girona mientras duran las obras de construcción de la nueva sede del laboratorio en Manresa.

Con la mínima intervención

Una de las peculiaridades del laboratorio, explica Nuria García Alsina, del ICE, es que se trata de un espacio de libre circulación donde los niños solo reciben unas normas mínimas. No hay adultos explicándoles lo que tienen que hacer, solo se limitan a observarlos y a hacer preguntas como ¿qué está pasando? o ¿qué has descubierto? Un ejemplo es la mesa de luz, donde los niños están viendo radiografías de distintos animales. Allí descubren por sí mismos, por ejemplo, que hay animales que tienen un esqueleto y otros que no, o ven los huevos en el vientre de una tortuga.

Una niña mira a través de una lupa binocular. FOTO: Pere Ferré

Desde que el laboratorio está en Tarragona han pasado por él 19 centros educativos de la demarcación, 1.234 alumnos de 3 a 6 años, 150 técnicos de educación infantil, 100 profesores y 35 estudiantes de grado, entre otros.

Además se da la circunstancia de que, en el caso de la ciudad de Tarragona, el Institut Municipal d’Educació (IMET) inició también este curso un proceso de formación y asesoría para las llars d’infants municipales y las escuelas que ofrecen educación infantil de la ciudad de la mano del mismo Lab 0-6.

El ecosistema de la Laboral

Aunque las propuestas del laboratorio solo están durante unas semanas en la ciudad, el proceso, explica Jordi Balust, gerente del Campus Educatiu de Tarragona, no termina aquí, ya que en los espacios de la antigua Laboral seguirán formándose en los próximos meses los futuros docentes en lo que se refiere a la educación científica en edades tempranas. Adelanta, además, que la intención es trabajar en una especie de ‘franquicia’ local inspirada en el Lab 0-6.

Y es que, asegura Balust, la idea es seguir trabajando en la evolución del campus, que ya no es solo sede de dos institutos de formación profesional y una escuela de educación especial, sino que alberga entre otros un proyecto formativo para jóvenes migrantes o la casa Barnahus, en la que trabajan diferentes departamentos para atender a menores víctimas de abusos sexuales.

La intención es que el Campus sea además un polo de atracción en lo que se refiere a innovación educativa; un sitio para el intercambio entre instituciones que se dedican a la formación de personas a lo largo de toda la vida.

Un ejemplo de lo que puede suponer tener a todos estos colectivos trabajando juntos es lo que se ha creado alrededor del Lab 0-6. Debido a las restricciones que impone la pandemia de Covid-19 había que limitar la cantidad de niños en la sala; así fue como se les ocurrió preparar un ‘Jardín de las mariposas’ en el terreno que está justo al lado.

Lo hicieron con la colaboración de la URV, que ya tiene un jardín con plantas para atraer a estos insectos en su Campus Catalunya y la colaboración de los jardineros del complejo con la ayuda de alumnos del Institut Cal·lípolis que son los encargados del mantenimiento.

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